Peligra el sueño de una Europa unida

En la actualidad, la divisoria que más importa es entre las fuerzas pro y antieuropeas. Europa va como sonámbula a su aniquilación, y es necesario que el pueblo europeo despierte antes de que sea demasiado tarde.  Si no lo hace, la Unión Europea correrá la misma suerte de la Unión Soviética en 1991. Ni nuestros…

Peligra el sueño de una Europa unida

En la actualidad, la divisoria que más importa es entre las fuerzas pro y antieuropeas.

Europa va como sonámbula a su aniquilación, y es necesario que el pueblo europeo despierte antes de que sea demasiado tarde.  Si no lo hace, la Unión Europea correrá la misma suerte de la Unión Soviética en 1991. Ni nuestros líderes ni la ciudadanía ordinaria parecen comprender que estamos experimentando un momento revolucionario, que el espectro de posibilidades es muy amplio, y que por ende el resultado final es muy incierto.

El próximo punto de inflexión serán las elecciones para el Parlamento Europeo en mayo de 2019. Por desgracia, las fuerzas antieuropeas tendrán una ventaja competitiva en las urnas. Esto se debe a varias razones, entre ellas el obsoleto sistema de partidos vigente en la mayoría de los países europeos, la imposibilidad práctica de modificar los tratados y la falta de herramientas legales para disciplinar a los estados miembros que infrinjan los principios fundacionales de la UE. Aunque esta puede imponer el acervo comunitario ( el corpus de legislación de la UE) a los países que solicitan ingresar al bloque, carece de capacidad suficiente para fiscalizar su cumplimiento en el caso de los estados miembros.

Los sistemas de partidos dentro de cada país reflejan las divisiones que importaban en los siglos XIX y XX, por ejemplo el conflicto entre el capital y la mano de obra. Pero hoy la divisoria que más importa es entre las fuerzas pro y antieuropeas.

Hay alianzas supranacionales, cuya situación es todavía peor que la de los partidos nacionales. Éstos, al menos, tienen raíces históricas pero las alianzas supranacionales obedecen exclusivamente a los intereses de las dirigencias partidarias. Esta crítica se aplica sobre todo al Partido Popular Europeo (PPE), que carece casi totalmente de principios, como revela el hecho de que esté dispuesto a seguir aceptando en sus filas al partido Fidesz del primer ministro húngaro Viktor Orbán, para conservar la mayoría  y controlar la asignación de los puestos más altos en la UE. En comparación, las fuerzas antieuropeas hasta salen bien paradas, ya que al menos tienen principios, aunque sean detestables.

Es difícil ver de qué manera los partidos proeuropeos puedan salir victoriosos de la elección de mayo si no ponen los intereses de Europa por encima de los propios.  Es posible todavía defender que se preserve la UE para poder reinventarla de raíz. Pero para ello es necesario un cambio de actitud en la UE. La dirigencia actual se parece al politburó de la Unión Soviética al momento del derrumbe, que seguía emitiendo ucaces como si todavía  significaran algo.

El primer paso para defender a Europa de sus enemigos (internos y externos) es reconocer la magnitud de la amenazas que plantean. El segundo es despertar a la durmiente mayoría proeuropea y movilizarla en defensa de los calores fundacionales de la UE. De lo contrario, el sueño de una Europa unida puede ser la pesadilla del siglo XXI.

*Chairman of Soros Fund Management. Copyright. Project Syndicate,2019