Congreso de la Lengua: Ni “José Luis” Borges ni “la primer”

La lengua es noticia. Desde ayer, todos podemos ser testigos de lo que pasa en Córdoba, en el VIII Congreso de la Lengua Española.Escritores, intelectuales, profesores y público en general se acercaron para participar de la inauguración que estuvo a cargo del rey de España y del presidente Mauricio Macri. Los dos tuvieron el honor…

Congreso de la Lengua: Ni “José Luis” Borges ni “la primer”

La lengua es noticia. Desde ayer, todos podemos ser testigos de lo que pasa en Córdoba, en el VIII Congreso de la Lengua Española.

Escritores, intelectuales, profesores y público en general se acercaron para participar de la inauguración que estuvo a cargo del rey de España y del presidente Mauricio Macri. Los dos tuvieron el honor de tomar la palabra en su reino. Cuando se trata de hablar en público, es importante lo que vamos a decir, pero es igual de importante tener conciencia de dónde estamos y a quién le estamos hablando. El rey y el presidente no la tenían fácil: un auditorio de especialistas ávido de escuchar la bienvenida.

Hay que desconfiar de los discursos escritos por otros y siempre leerlos con atención cinco minutos antes de pronunciarlos.

Al poco de terminar la inauguración, dos momentos de sendos discursos ocuparon un lugar de privilegio en otro reino, el de las redes sociales: los furcios. Tanto el rey como el Presidente cometieron errores que fueron captados y expuestos con premura. Errare humanum est, en eso estamos de acuerdo; pero hay que saber dónde equivocarse.

El discurso del rey

Felipe VI llamó “José Luis” a Jorge Luis Borges. Estaba leyendo su discurso. ¿Distracción, ignorancia, confusión? No importa la causa. Lo interesante de este furcio es observar qué sentimos cuando el rey erró el nombre de uno de los más grandes escritores de la lengua española. Más grave fue cuando oímos la cita que eligió para evocarlo. Allí, Borges valoraba al idioma más allá de la comunicación, como una tradición de la que todos formamos parte. Mientras aseguraba lo importante que era que nos diéramos cita allí para ocuparnos de la lengua, el orador confundía el nombre de nuestro/vuestro gran escritor.

La comunicación es mucho más que las palabras. Es, en gran medida, el efecto que provoca en el auditorio. El “discurso del rey” tenía que lograr convencernos de que él estaba interesado, comprometido con lo que estaba diciendo. Ese error fue clave para desencantarnos. Es difícil pensar en alguien que -en un contexto como ese, pero en España- se animara a llamar a Cervantes “Pedro” en lugar de “Miguel”. No sé si es el caso, pero como enseñanza sirve: hay que desconfiar de los discursos escritos por otros y siempre leerlos con atención cinco minutos antes de pronunciarlos. Esa precaución baja mucho el margen de error y aumenta las posibilidades de convencer al público.

La primera vuelta

El presidente Mauricio Macri no leyó el discurso. Eligió decir unas palabras mirando al auditorio. Cometió un error que sin duda va a corregir rápidamente. Muchas veces va a necesitar decir “la primera vuelta” antes de octubre. Es un furcio muy frecuente, quizá el más repetido por los comunicadores. Miles de veces oímos “la *primer pregunta es…” cuando empieza una entrevista. Cuando un error se difunde tanto, sin querer se valida. Ese es el riesgo.

Ayer, el presidente dijo la *primer vuelta (el asterisco se usa para marcar la forma errónea) al referirse al viaje de Magallanes alrededor del mundo. Es un error muy común y muy fácil de resolver. El adjetivo femenino “primera” no se puede apocopar. La forma abreviada “primer” solo se usa con sustantivos masculinos: el primer viaje, el primer discurso. Si es femenino, es siempre primera: la primera pregunta, la primera pareja, la primera vuelta. Lo que hay que recordar es que “la” y “primer” no pueden ir juntos nunca. Lo mismo pasa con tercer y tercera.

Me alegra que la lengua sea noticia. Me entusiasma observar un creciente interés por cuidarla. Es una herramienta poderosa, la única que tenemos para expresar y reflejar nuestra identidad.​

(*) Silvana Stabielli es Licenciada en Letras (UBA) y tiene una Diplomatura en Sociología de la Cultura (UNSAM).