El testimonio de tres catequistas que se animaron a hablar y lograron la condena de un cura abusador

Hace alrededor de tres años, tres catequistas de San Isidro denunciaron penalmente a un sacerdote por haber abusado sexualmente de ellas. Se trata de Mario Koessler, de la parroquia San José. El lunes próximo comenzaba el juicio oral, pero el religioso se acogió al jucicio abreviado y se reconoció culpable. Recibió una pena de tres…

El testimonio de tres catequistas que se animaron a hablar y lograron la condena de un cura abusador

Hace alrededor de tres años, tres catequistas de San Isidro denunciaron penalmente a un sacerdote por haber abusado sexualmente de ellas. Se trata de Mario Koessler, de la parroquia San José. El lunes próximo comenzaba el juicio oral, pero el religioso se acogió al jucicio abreviado y se reconoció culpable. Recibió una pena de tres años de prisión en suspenso y no irá a la cárcel. Los hechos fueron entre 2014 y 2015. En noviembre de 2017, TN.com.ar habló con las víctimas que se animaron a narrar los abusos.

Nora Bustamante estaba en una reunión con el cura, referida al programa de dictado de la catequesis cuando el hombre tuvo una reacción inesperada. “Me trincó. Fueron sus 120 kilos contra mis 52. Me inmovilizó totalmente con sus brazos. Metió su lengua en mi boca y me la sacó. Me chupó toda la cara. Puso su pierna entre las mías, yo sentía su erección. Empezó a jadear. Empecé a ver todo negro. Estaba petrificada. No sé cómo logré irme”, recuerda la mujer, que en ese momento tenía más de 70 años.

No quiero venganza, pero que se sepa que este hombre es un peligro para la sociedad. Nora Bustamante.

Nidia Britos, otra de las mujeres, fue agredida por Koessler a los 35 años, cuando recurrió a él, angustiada por un caso de abuso sexual en su familia, buscando guía espiritual. Después de justificar sus actos diciéndole que “los hombres tenían ese instinto”, el sacerdote la tomó con fuerza entre sus brazos, puso su cara junto a la suya y comenzó a jadear. Cuando Nidia sintió que el sacerdote se acercaba a su boca lamiéndole la mejilla, pudo zafarse.

La tercera de las víctimas no quiso revelar su identidad por temor a los ataques y la estigmatización en el barrio, aunque también accionó judicialmente.

Un camino largo y difícil camino

Nora Bustamante, como miembro de la Iglesia, intentó hablar con el obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea. Trató de contactarse con el cardenal Mario Poli, pero argumentaron que él no podía intervenir. Finalmente, cuando amenazó con iniciar una causa penal y acudir a los medios de comunicación, Ojea se entrevistó con ella. Pero, para su dolor, según Nora se mostró más interesado en proteger a Koessler que en defenderla a ella y a sus compañeras. De todos modos, se inició una causa en la justicia canónica.

Con la noticia de la declaración de culpabilidad de Koessler, Nora se siente conforme. Fueron años difíciles para ella, que perdió peso y tuvo que recurrir a psiquiatras y psicólogos para aliviar su angustia. Su familia también fue afectada. Uno de sus hijos desarrolló una mácula en un ojo, que según el médico que lo atiende, se debe a un “estresazo”. Nora siempre temió que su hijo varón agrediera físicamente al cura. Pero tanto para él como para sus hijas, no tiene sino palabras de agradecimiento: “Mis hijos se transformaron en mis padres, se hicieron cargo de mí”, explica.

“No confieso, no comulgo, rezo poco. No confío más en la Santa Madre”, dice Nora.

La intensidad de la crisis de Nora se explica porque había dedicado su vida a la Iglesia. Los padres y madres de sus alumnos de catecismo la apoyaron en su mayoría. “No deja de sonar el teléfono. Pero también hubo gente que me calumnió, habló pestes de mi”, admite.

En las semanas previas al juicio que finalmente no empezó, la zozobra que la excatequista había aprendido a manejar volvió. Tenía miedo, estaba nerviosa, y no podía superarlo.

Nora no perdió la fe en Dios, pero sí en la Iglesia. “No confieso, no comulgo, rezo poco. No confío más en la Santa Madre . Esta experiencia horrenda no se la deseo ni a mi peor enemigo”, sostiene.

Se siente un poco huérfana y busca todavía su paz espiritual. “No quiero venganza, pero que se sepa que este hombre es un peligro para la sociedad”, justifica.

La pena que Andrés Bonicalzi, su respresentante legal, habría pedido era de 4 a 10 años de prisión. Sin embargo, Nora se declara conforme. “Tengo la satisfacción de que reconoció su culpa después de que dijo que me había besado en la frente”, puntualiza.

A pesar de todo, Nora habría querido enfrentar a Koessler en la sala de audiencias para decirle “algunas verdades sobre la doctrina, que como catequista conozco muy bien”. “No obedeció el mandamiento de no matar, porque con la lengua también se mata. Cometer actos impuros se considera fornicación. Y mentir o levantar falso testimonio, eso también lo hizo”, lo acusa, categórica.

Koessler lo reconoció

El juicio abreviado fue acordado por la fiscalía y la defensa. Las audiencias iban a empezar el lunes que viene. El abogado de la querella había citado unos 30 testigos, entre los cuales estaba el presidente de la Confederación Episcopal Argentina, monseñor Oscar Ojea. Siendo obispo de San Isidro, Ojea había sido contactado por una de las víctimas poco después de los hechos.

En la lista de testigos figuraban también padres de alumnos de catequesis que el 24 de septiembre de 2016 se reunieron en la Parroquia San José con Ojea. El prelado les informó que Koessler había reconocido los abusos y pedido ayuda psiquiátrica. Probablemente la contundencia de la prueba haya convencido a Koessler de admitir que las acusaciones de las catequistas eran verídicas.

El sacerdote vive desde poco después de las denuncias en el Hogar Marín, administrado por monjas.