Trata de personas y redención, atrapante mezcla en “La sombra del gallo”

“La sombra del gallo”, nueva película de Nicolás Herzog que se estrena este jueves, presenta a un policía que en sus cinco días de libertad condicional encuentra la manera de redimirse en medio de la mafia de trata de personas en un pueblo rural. “Intento que mis películas -explicó el director a Télam- dialoguen con…

Trata de personas y redención, atrapante mezcla en “La sombra del gallo”

“La sombra del gallo”, nueva película de Nicolás Herzog que se estrena este jueves, presenta a un policía que en sus cinco días de libertad condicional encuentra la manera de redimirse en medio de la mafia de trata de personas en un pueblo rural.

“Intento que mis películas -explicó el director a Télam- dialoguen con cierta agenda y, por supuesto, se inscriban en un determinado momento histórico. Es este sentido, más que conciencia sobre la trata y la prostitución (que son cosas diferentes aunque puedan estar ligadas) me interesa contribuir al debate sobre la masculinidad y el reinado patriarcal en tiempos de empoderamiento de la mujer y de consolidación de los movimientos feministas”.

Primera ficción después de los celebrados documentales “Vuelo nocturno” y “Orquesta Roja”, en “La sombra…” Herzog pone en la piel de Lautaro Delgado Tymruk a un ex policía y convicto que vuelve al pueblo para cerrar unos asuntos tras la muerte de su padre y, en medio de ello, se le empiezan a aparecer los fantasmas de los viejos delitos que lo llevaron a la cárcel.

En el camino hacia la redención, al mejor estilo “Taxi Driver” -ya sea por la apariencia lumpen del protagonista, como por la temática del filme-, el personaje de Delgado se deberá enfrentar a los pocos seres queridos que le quedan en el pueblo, sin pensar en que su propia salvación, quizá, lo lleve a penar más años en prisión.

“Creo más en el perdón, que es un concepto menos ligado al cristianismo, más humano y universal. La palabra redención tiene una carga culpógena en su génesis. En relación con la película, el protagonista sí está pagando un delito, penando una culpa y atravesando un proceso de redención por su fuerte apego a la doctrina cristiana que parece haberlo marcado desde niño”, comenta Herzog.

Concordia, en particular, es una ciudad con grandes contrastes, donde se conjugan lo popular y lo burgués de una manera casi patológica

Nicolás Herzog

Nacido y criado en Concordia, el realizador encontró en su ciudad natal la fuente de inspiración para todos sus largometrajes y, en este último en particular, por la desaparición en Entre Ríos en 2004 de Fernanda Aguirre (13 años) y Eva Flores (9), casos vinculados a la trata de mujeres y que hoy todavía no fueron resueltos.

“En el año 2012, cuando comencé a desarrollar el guión de la película, recordé esos casos y, sin querer adentrarme en la trama de los mismos, intenté bucear en el contorno social, fuertemente misógino, que posibilita que sucedan estos hechos, amparados por una casta política poco proclive a destrabar que las mujeres, sobre todo las más jóvenes, sigan siendo tan vulnerables a la violencia de género”, dijo.

T: ¿Por qué centrar la historia en un pueblo rural?
NH: En los pueblos del Litoral es muy notable el contraste entre lo que se ve y lo que subyace. Además, hay algo que me atrae mucho como escenario. Concordia, en particular, es una ciudad con grandes contrastes, donde se conjugan lo popular y lo burgués de una manera casi patológica; donde las tramas del hampa llegan a todos los sectores, donde las ruinas de un pasado industrial se prolongan en los cuerpos, en las pieles.


T: La policía está fuertemente vinculada al delito en la película. ¿En qué se puede confiar cuando la autoridad es así?
NH: El problema de la confianza es complejo. Porque si no podemos confiar en las fuerzas de seguridad; si no podemos creer en los medios de comunicación; si no podemos descansar en quienes gobiernan y activar el engranaje de la confianza (un elemento central para la cohesión social, para el funcionamiento de las relaciones), estamos muy jodidos. Ni siquiera las redes sociales parecieran ayudar en este sentido, sino más bien lo contrario: fortalecen el individualismo, la distancia, la desconfianza. Las estructuras de fiabilidad están tan fuertemente corroídas, tan gastadas, tan vetustas, que hay que barajar y dar de nuevo. Volver a las relaciones cara a cara, fortalecer los vínculos afectivos en todas sus formas; hablar más de cerca, abrazar más, amar más.

T: En el filme, los recuerdos y las culpas son un protagonista más.

NH: En gran medida, la culpa está atada a la memoria histórica. Quien comete una acción delictiva y es encontrado culpable desde el punto de vista jurídico, debe cumplir una pena. De la misma manera, en condiciones de funcionamiento de la ley moral, quien comete una acción impropia, conlleva una culpa, un cargo de conciencia que acarrea hasta su expiación. El problema es que como la institución judicial no funciona de manera plena (al ser la pena jurídica un atributo de decisiones políticas, económicas, patriarcales, de clase) la culpa de conciencia también tiende a desmoronarse. Si un hombre que mata a una mujer por celos o por lo que fuera tiene más privilegios que una mujer que aborta; si un grupo de muchachos de clase acomodada que mata brutalmente a un pibe por placer tiene más derechos que uno que roba para comer; la noción de culpabilidad se ve profundamente trastocada y quien mata puede estar a la media hora desayunando en un fast food sin cargos ni pesos de conciencia.