Debate: ¿La cuarentena obligatoria lesiona las libertades individuales?

La polémica por un mensaje retuiteado por Alberto Fernández en el que se descalificaba al periodista Jonatan Viale por afirmar que el presidente se “enamoró” de la cuarentena y la discusión por la prohibición de las actividades físicas al aire libre, reavivó el debate sobre los límites del confinamiento obligatorio y su impacto en las…

Debate: ¿La cuarentena obligatoria lesiona las libertades individuales?

La polémica por un mensaje retuiteado por Alberto Fernández en el que se descalificaba al periodista Jonatan Viale por afirmar que el presidente se “enamoró” de la cuarentena y la discusión por la prohibición de las actividades físicas al aire libre, reavivó el debate sobre los límites del confinamiento obligatorio y su impacto en las libertades individuales.

Se trata de un debate que supera largamente las fronteras argentinas y se discute en todo el mundo occidental, que asumió como propio el “modelo chino” de vaciar las calles para frenar la propagación de virus. Esto provoca que en sectores importantes empiece a ponerse el foco del análisis en que -según esta mirada- las restricciones afectan libertades muy básicas, como la de transitar, reunirse o sostener la actividad económica.

Al margen de esto, se afirma que se da otro fenómeno que es la tendencia al híper presidencialismo y un debilitamiento de los sistemas republicanos por la concentración de las decisiones en los ejecutivos. En Argentina, la oposición ha cuestionado al gobierno por los DNU, además de la parálisis del Congreso y la Justicia. LPO consultó a analistas acerca de esta polémica. 

El modelo chino de Estado fuerte de control social en debate por su eficacia para contener la pandemia.

“Yo veo mucha miserabilidad en el debate. Es un contexto de emergencia mundial, quien critica la cuarentena tendría que dar una alternativa más idónea para alcanzar el mismo objetivo con menos restricciones. Si no es lo que yo llamo la institucionalidad boba. Estamos requiriendo una institucionalidad que es imposible por los efectos de una pandemia global que no sabemos ni siquiera cuándo ni cómo va a terminar”, afirma el constitucionalista Andrés Gil Domínguez.

No se puede pedir la institucionalidad de tiempos de normalidad en una situación que es inédita a nivel mundial, que es peor que una guerra mundial. Hay ciertas cuestiones que son como una discusión snobista de teóricos que están aburridos.

El especialista en Derecho Constitucional aclara que eso no implica no marcar cuando existe algún exceso, pero insiste en que “no se puede pedir la institucionalidad de tiempos de normalidad en una situación que es inédita a nivel mundial, que es peor que una guerra mundial”. “Hay ciertas cuestiones que son como una discusión snobista de teóricos que están aburridos”, ironiza. 

Alberto dice que la cuarentena “no se va a flexibilizar” y amenaza con controles más estrictos

Gil Domínguez cree que no hay a su criterio una afectación de los derechos individuales. “Tenés una limitación proporcional, razonable y temporal de determinado derecho porque hay un derecho que hoy tiene más peso, que es el derecho a la salud y el derecho a la vida”. 

Esta “ponderación”, explica Gil Domínguez, es habitual en los tribunales constitucionales: “Cuando hay dos derechos en juego, hay que ponderar cuál tiene mayor peso según las circunstancias del caso. En este caso, la pandemia está atacando a la salud pública y a derechos individuales conexos como la vida, la salud y la integridad física. Esos derechos tienen más peso que la libertad ambulatoria, no se puede discutir”, sostiene.

El analista político Marcos Novaro señala por su parte que “en situaciones de emergencia los gobiernos pueden limitar los derechos, eso siempre ha sido así”. “El asunto es si es razonable y hasta qué punto esas limitaciones se justifican en términos prácticos y de principios”, aclara.

En términos prácticos Novaro cree que es más difícil que en algunas grandes urbes se ablanden las restricciones. Puso el caso de los runners, que sería más fácil controlarlos en una ciudad chica que en Buenos Aires, donde probablemente ocurriría lo mismo que en Paris donde miles de corredores se agolparon en las calles.

“Después está la cuestión de principios: cuáles son los derechos que se justifica limitar. El acceso a la información, en ningún caso. Pero ya está limitado porque hay un montón de pedidos de información sobre el problema de los testeos que no se contestan. No están cumpliendo con ciertos derechos que son básicos y que no afectan en lo más mínimo el combate a la pandemia”, afirma Novaro.

Hay un problema de descomposición de la autoridad del Estado y quién tiene el poder de policía. Está muy claro que las provincias no quieren hacerse cargo de flexibilizar la cuarentena por miedo a que suba la cantidad de muertos y culpen al gobernador. Entonces están esperando a ver qué hace Alberto. Pero tampoco ponen policías para que se cumpla

“También está el tema de los derechos distritales. Hay un problema de descomposición de la autoridad del Estado y quién tiene el poder de policía. Está muy claro que las provincias no quieren hacerse cargo de levantar o flexibilizar la cuarentena por miedo a que suba la cantidad de muertos y culpen al gobernador. Entonces están esperando a ver qué hace Alberto. Pero tampoco ponen policías para que la gente se sienta obligada y hay muchos lugares donde no se está cumpliendo ¿Quién tiene el poder policía ahí?”, se pregunta Novaro.

Y agrega que ante esta situación “el Estado nacional tiene todo el derecho de mandar a la Gendarmería porque la policía provincial no hace su trabajo. Eso afecta derechos individuales y también afecta el poder distrital. Pero hay ciertas cosas que el Estado nacional tiene la obligación de hacer, no solo la atribución. Porque si no la cuarentena se está desgranando en el territorio, hay lugares donde se cumple y otros que no y así no funciona”, detalla el sociólogo.

Un miembro de la Guardia Nacional controla a un motociclista en un checkpoint en la autopista I-95 en Rhode Island.

Novaro también analiza el impacto de la restricción de la actividad económica y su costado político, en la imagen de Alberto Fernández. “Las libertades económicas podés limitarlas, pero tenés garantizar que la gente pueda sobrevivir. No se puede poner a las personas en la disyuntiva de ‘me cuido o me muero de hambre’. Eso está pasando en muchos lugares. Hay problemas prácticos que superan toda la discusión de principios jurídicos o constitucionales. El presidente acaba de reconocer que hay un universo de monotributistas o trabajadores informales que no se sabe quiénes son y que el Estado no tiene forma de llegar. Entonces, ¿cómo lo vas a obligar a cumplir la cuarentena si tiene ingreso cero y no le llego ninguno de estos alicientes?”, dijo Novaro a LPO.

Las libertades económicas podés limitarlas, pero tenés garantizar que la gente pueda sobrevivir. No se puede poner a las personas en la disyuntiva de ‘me cuido o me muero de hambre’. 

Novaro sostiene que la cuestión económica “es un límite fáctico” a la estrategia política de Alberto. “Creo que el presidente tiene un discurso que falla, que es ‘quiero salvar a 100 mil argentinos entonces no me importan 10 puntos de pobreza’. A mí me parece que ese discurso no funciona, está mal. Le está diciendo a un montón de gente ‘yo te cuido’, pero esa gente no se siente cuidada”, analizó.

Además, señaló que aunque las encuestas otorguen un alto nivel de aceptación a la gestión de Fernandez ante el coronavirus, la realidad es muy distinta. “Hay un porcentaje muy alto de la gente que contesta que la cuarentena le parece bien, pero no la respeta. Es complicado poner a la gente en esa disyuntiva”.

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