Alberto y los gremios resisten el desplazamiento del último funcionario de Ginés

El entorno de Alberto Fernández resiste el avance del kirchnerismo en uno de los últimos bastiones del Estado con una fuerte caja que aún no quedó en manos de la vicepresidenta.Como explicó LPO, el kirchnerismo fue el único sector de la coalición gobernante que celebró puertas adentro la salida de Ginés González García del ministerio…

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El entorno de Alberto Fernández resiste el avance del kirchnerismo en uno de los últimos bastiones del Estado con una fuerte caja que aún no quedó en manos de la vicepresidenta.

Como explicó LPO, el kirchnerismo fue el único sector de la coalición gobernante que celebró puertas adentro la salida de Ginés González García del ministerio de Salud. En el peronismo creyeron que la decisión del presidente de desprenderse de su ministro más importante durante la pandemia fue una medida apresurada.

Carla Vizzotti supo tejer una buena relación con el entorno de Alberto, pero tiene mucho mejor vínculo con el cristinismo que su antecesor. Es por eso que con el ascenso de Vizzotti las luces rojas se encendieron en Casa Rosada ante posibilidad de que el kirchnerismo volviera a la carga por la superintendencia de servicios de Salud.

Ese cargo estratégico, que concentra el pago de las obras sociales de los sindicatos, está en manos de Eugenio Zanarini, el único funcionario de Ginés que sobrevivió en el gabinete.

De la salida de Zanarini se habló luego del discurso que dio Cristina Kirchner a fines de diciembre en el Estadio Único, cuando al lado de Alberto pidió modificar el sistema de salud. Incluso el embate del kirchnerismo venía con nombre y apellido: Liliana Korenfeld, quien ocupó la superintendencia durante la última presidencia de Cristina.

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Los Gordos la recuerdan como la funcionaria que les pisó la transferencia de millones de pesos de las obras sociales, en el pico del enfrentamiento de Cristina con el sindicalismo, que nunca terminó de saldarse.

Korenfeld es resistida en especial por tres hombres fuertes de la CGT que mantuvieron la distancia con Cristina: Héctor Daer, José Luis Lingeri y Andrés Rodríguez, que habían encontrado en Alberto un candidato que se aproximaba a su idea del peronismo. Con la decisión de Cristina de meterse en el sistema de salud, los viejos recelos se activaron.

Zanarini (derecha) con Ginés, Sergio Palazzo y Ricardo Torres.

La jugada del kircherismo vino de la mano con un proyecto elaborado por Nicolás Kreplak, el viceministro de Salud de Axel Kicillof, que establece la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud Argentino, que se define como un “sistema mixto con centralidad en el subsector público”. Sería una “estructura nacional que comprenda a todas jurisdicciones y sub sectores”. En los sindicatos y las prepagas no quieren saber nada con la idea.

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El gobierno de Mauricio Macri había comenzado un estudio del sistema de obras sociales apuntando a una gran fusión de las 294 actuales en cuatro grandes prestadoras para darle viabilidad al sistema tomando como referencia el modelo israelí; pero la idea de un servicio “integrado” hace pensar más bien en un servicio único básico al estilo de los Estados Unidos.

Los Gordos se reunieron en enero de manera inédita para resistir el avance del kirchnerismo sobre esa caja y consiguieron al menos que se postergara.

Pero la salida de Ginés volvió a abrir el escenario para el desembarco de Korenfeld, por lo que Alberto tuvo que asegurar la continuidad de Zanarini y prometer a los gremios que no habría cambios.

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