Horacio Lavandera: un artista entre Piazzolla, Gershwin y la utopía de la perfección como objetivo

A los 36 años, Horacio Lavandera, uno de los pianistas más destacados de la Argentina acredita ya 23 de una trayectoria reconocida a nivel mundial, que tuvo sus inicios mientras ensayaba su ingreso a una adolescencia que transcurrió inmerso en un universo musical de exploración constante.El compositor y director empezó a tocar de manera profesional…

horacio-lavandera:-un-artista-entre-piazzolla,-gershwin-y-la-utopia-de-la-perfeccion-como-objetivo

A los 36 años, Horacio Lavandera, uno de los pianistas más destacados de la Argentina acredita ya 23 de una trayectoria reconocida a nivel mundial, que tuvo sus inicios mientras ensayaba su ingreso a una adolescencia que transcurrió inmerso en un universo musical de exploración constante.

El compositor y director empezó a tocar de manera profesional a los 13 años, mientras acumulaba reconocimientos en concursos y certámenes, pero sin dudas la obtención del III Concurso Internacional de Piano Umberto Micheli, en el Teatro alla Scala de Milán, que logró con sólo 16 años, marcó un punto de quiebre en su carrera.

A partir de entonces, su proyección internacional se disparó al mismo tiempo que, en su mapa estilístico muchas fronteras se fueron diluyendo provocando el diálogo entre diversos repertorios que encontraron en su interpretación un denominador común identificado por la precisión y la sensibilidad.

El del 30 de septiembre será el primer concierto de Horacio Lavandera en solo piano en muchos años.

Gershwin y Piazzolla, dos figuras “fundamentales”

En ese plan está enmarcado el concierto que Lavandera dará el próximo jueves 30 de septiembre, a las 20.30, en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125), que lo reencontrará con el público a través de obras de George Gershwin (1898-1937) y de Ástor Piazzolla (1921-1992), dos figuras “fundamentales” en su vida como artista.

“Será una enorme alegría y siento una gran expectativa por este regreso; lo cierto es que vivo con mucha intensidad el reencuentro con el público, el cual será emocionante”, manifestó el músico en diálogo con Télam.

“Es el primer recital de piano solo que hago en la Ciudad de Buenos Aires desde hace unos años, y como bellísima sorpresa tendré tres invitadas de lujo, a quienes admiro profundamente por su virtuosismo y personalidad: la bandoneonista Ayelén Pais Negrín, la clarinetista Sofía Kujta y la cantante Mariú Fernández. Será un evento inolvidable para mí”, apuntó Lavandera.

Lugar común: la incomprensión

El pianista admite sentir una enorme admiración por estos compositores que “sufrieron la incomprensión de su época que los tildaba de genios raros” y que “rompieron moldes y cambiaron la fisonomía de la historia de la música culta en América para siempre”.

Piazzolla creció escuchando Gershwin -indica Lavandera-. Hay anécdotas que relatan que siendo muy joven, en sus primeras pruebas para entrar a tocar en la orquestas típicas, siempre interpretaba la Rhapsody in Blue, la cual era recibida por el ambiente tanguero de esos años como una provocación a la tradición“.

A Piazzolla le gustaba romper esquemas, y conocer a fondo a Gershwin le dio técnicas para el desarrollo de melodías y combinaciones armónicas y rítmicas”, explica el pianista, que establece un puente entre ambos artistas a partir de un elemento reconocible en la obra de los dos.

“El famoso ritmo 3-3-2 de Piazzolla es usado en todas las obras maestras de Gershwin. Es llamativo que a pesar de deberle tanto a su compositor predilecto, Piazzolla haya logrado desde muy joven construir un estilo inconfundible en sus composiciones y arreglos”, detalla.

-¿Qué significan Gershwin y Piazzolla para vos?

-Las obras de ambos son fundamentales en mi vida como artista. Gershwin es mi primer gran referente como compositor, pianista y director de orquesta. Lo admiro desde que tengo ocho años y fue su música la que me impulsó a dedicarme a este arte.

Dejó un legado por su modo de acercar la música sin discriminación, rompiendo muchos moldes establecidos conectando por ejemplo el blues, el klezmer o la música religiosa negra en un estilo inmediatamente reconocible como propio y original. Rhapsody in Blue conecta con todos estos sentimientos. Será la primera vez que interprete esta pieza en Buenos Aires.

-¿Qué rasgos creés que los destacan con mayor claridad en el plano de la música universal?

-Tanto Gershwin como Piazzolla representan un modo de pensar desde América hacia el mundo. Gershwin señaló en algunas entrevistas que él quería expresar los sentimientos de su gente a través de su música. Sus obras están marcadas por una curiosidad ilimitada.

“Las obras de ambos son fundamentales en mi vida como artista. Gershwin es mi primer gran referente como compositor, pianista y director de orquesta. Lo admiro desde que tengo ocho años y fue su música la que me impulsó a dedicarme a este arte.”

Tal es así que para componer su ópera Porgy and Bess se estableció en medio de las comunidades negras en Carolina del Sur en una época tan difícil como los años ’30, en cuanto al conflicto racial, con el fin de apreciar y absorber hasta el último detalle del arte de los afroamericanos participando en sus fiestas y competiciones de canto tal como si fuera uno más.

A pesar de haber vivido hasta los 38 años, su música abarca todos los ritmos de América, incluidos el tango argentino, la música cubana, latina, judía y naturalmente todo el espectro de música norteamericana. Fue un creador con un talento fuera de serie.

-¿Desde lo personal, qué es lo que más te atrae de cada uno?

-Lo que más me atrae es, precisamente, su creación desde América. Tanto Gershwin como Piazzolla optaron por no desarrollar técnicas ya establecidas sino por el contrario, buscar nuevos caminos poco explorados y a priori muy subestimados. El jazz en la época de Gershwin era considerado un género de música menor, lo mismo el tango en la época de Piazzolla.

Horacio Lavandera cultiva un objetivo Trazado en la utopía de la perfección”. /Foto Prensa CCK

Ellos se enfrentaron con lo que se podía o se debía hacer en cuanto a composición musical seria. También es cierto que sufrieron la incomprensión de su época que los tildaba de genios raros. Sintieron antes que nadie que el jazz o el tango eran una oportunidad para expresar a su gente y sus raíces y que esta música no debía ser motivo de complejo de inferioridad frente a la música europea.

-¿Cómo llevás el hecho de ser uno de los mejores pianistas de la Argentina? ¿Con exigencia, responsabilidad o alegría?

-Cada pianista tiene un estilo propio. Yo los admiro, escucho y aprendo de todos. Tengo que reconocer que mi padre, José María, quien falleció el año pasado, era extremadamente exigente con mis interpretaciones y con la ejecución musical en general. Ese gusto por el rigor me lo transmitió.

No con el fin de angustiarme sino con el fin de renovar mi interés y cultivar un objetivo trazado en la utopía de la perfección. ¿Existe una música perfecta? Me inclino a pensar que sí. Mi idea como músico es llevar esa energía de la música al oyente.

Para Horacio Lavandera, “la alegría está siempre en el camino”.

Yo entiendo que esta energía se puede obtener con mucha exigencia, reflexión, responsabilidad y disciplina. La alegría está siempre en el camino. Me dedico al arte que elegí, por tanto soy un agradecido de ello.

Horacio Lavandera toca en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125) el jueves 30 de septiembre, a las 20.30. Entradas, a travñes de Ticketek, desde $1.250.

E.S.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA