Cepo de EE.UU. a la Sputnik: médicos reclaman alternativas para poder viajar a formarse en los congresos

“De no aprobarse la Sputnik, el 1° de noviembre se cierra la puerta”. La imagen que usa Oscar Mendiz, director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, es nítida y hace referencia a una realidad de época: la implementación de pasaportes Covid para traspasar fronteras y la distinción entre vacunas aceptadas…

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“De no aprobarse la Sputnik, el 1° de noviembre se cierra la puerta”. La imagen que usa Oscar Mendiz, director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, es nítida y hace referencia a una realidad de época: la implementación de pasaportes Covid para traspasar fronteras y la distinción entre vacunas aceptadas y no aceptadas por los países centrales y, su consecuente efecto: una puerta cerrada en las narices o una invitación para pasar.

Días atrás, Estados Unidos confirmó que a partir de noviembre sólo permitirá el ingreso de personas que hubieran recibido alguna de las vacunas aprobadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son Pfizer, Moderna, Oxford/Astrazeneca, Sinopharm, Sinovac y Janssen. No Sputnik V. El medicamento desarrollado por el instituto ruso Gamaleya aún no está autorizado, sino en proceso de evaluación, luego de que la OMS suspendiera la aprobación tras detectar infracciones durante una inspección en una planta de envasado. 

La disposición estadounidense, en realidad, está pensada como una flexibilización en las restricciones de viaje. En 2020 el expresidente Donald Trump había cerrado la frontera para los europeos, quienes desde noviembre podrán entrar al país mientras estén inoculados con alguna de las seis vacunas aprobadas. Pero para millones de argentinos vacunados con Sputnik V representará una prohibición de ingreso, hasta tanto la vacuna no sea aprobada por la OMS.

En el país, la vacuna fabricada en Rusia fue la primera aplicada en la población en diciembre de 2020. Hasta este lunes 11 de octubre, según datos oficiales, se habían administrado más de 15 millones de dosis. El personal de salud fue uno de los segmentos más inmunizados con Sputnik. La vacuna tiene una eficacia del 92% contra la infección de Covid, de acuerdo a los resultados del ensayo de fase III publicados en la revista científica The Lancet, pero aún no está aceptada ni en Estados Unidos ni en algunos países de Europa.

En este escenario, algunos profesionales de la salud empezaron a preguntarse si esta limitación afectará su trabajo. La pandemia paralizó actividades de estudio, programas de intercambio, reuniones de comités, pasantías en hospitales y conferencias. Hoy muchos de estos procesos siguen suspendidos o ocurren bajo una modalidad mixta, presencial y virtual. Pero, ¿qué pasará después? ¿La selectividad de vacunas podría condicionar el acceso a la formación de estos profesionales?

“Los que tenemos Sputnik estamos atrancados. Somos muchos trabajadores de la salud. Hoy la limitación quizás no sea grave pero el asunto es resolver de acá en adelante. No estoy diciendo que la Sputnik sea una mala vacuna, solo considero que hay un problema a atender y que se deben pensar alternativas en el caso de que la limitante de la OMS con la Sputnik continúe y nosotros recibamos una tercera dosis”, dice Oscar Mendiz.

En lo que resta del año, el especialista tiene por delante dos congresos internacionales: el “TCT (Transcatheter Cardiovascular Therapautics) de cardiología intervencionista y la convención de la American Heart Association. Los dos eventos se harán en noviembre en Estados Unidos.

“El otro día comenté sobre esta dificultad en Twitter y alguien cuestionó por qué me preocupaba por ir a congresos en medio de una pandemia. Creo que esa es una mala interpretación. Los congresos exceden al mero congreso, son instancias para visitar hospitales, conocer el funcionamiento de servicios, hablar con especialistas, aprender de otros colegas. Lo que me preocupa es la formación médica a futuro”.

En ese sentido, Mendiz observa que el acceso de médicos y médicas argentinas a viajar para hacer intervenciones, ya sea como profesionales invitados o para supervisar casos, podría complejizarse o interrumpirse por completo. ¿A quién convocaría un centro médico internacional? ¿A un profesional argentino con imposibilidad para entrar al país por estar inmunizado con Sputnik o a otro profesional que pueda ingresar sin problema?

Mientras tanto, ya hay médicos y médicas que decidieron viajar a Estados Unidos antes del 1° de noviembre para aplicarse una tercera dosis con vacunas que fueron aprobadas por la OMS. Pero no todos pueden permitirse ese despliegue económico.

“Para los que participamos de la vida académica y científica es complejo. Si nos cierran la puerta, nos veríamos afectados, porque atenta contra la educación y formación que muchas veces requiere la profesión”, dice Cecilia Bahit, jefa de Cardiología de la sede rosarina de INECO. Bahit se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires e hizo la residencia de Cardiología en el Hospital Italiano. Mucha de su educación también siguió fuera del país: en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, y en la Universidad de Harvard, en Boston.

La preocupación no sólo se limita al ámbito médico, sino que es extrapolable a cualquier otro y, en definitiva, podría terminar en una segregación de turistas, con dos clases de personas: unas que podrán viajar sin limitaciones y otras que no. Qué vacunas hayan recibido determinará la diferencia. Pero no todos los profesionales de la salud expresan intranquilidad. Para Paula Luna, dermatóloga pediátrica del Hospital Alemán, investigadora y docente, “la situación probablemente sea transitoria”.

A principios de octubre participó como expositora en el 30° Congreso de la Academia Europea de Dermatología y Venereología. “Los cuatro congresos a los que fui invitada como expositora en 2021 fueron 100% virtuales. En mi especialidad no hay por el momento congresos internacionales presenciales”.

Luna integra la Sociedad de Dermatología Pediátrica para Latinoamérica, que organizará en Buenos Aires el Congreso Mundial de Dermatología Pediátrica de 2025. “Ya lo estamos planeando en formato híbrido”, adelanta. Antes de la pandemia la modalidad mixta hubiera sido impensada, pero el mundo cambió. Y respecto a la aprobación de la OMS de la Sputnik V considera que ocurrirá en lo próximo.

Eleonora Cunto, jefa de terapia intensiva del Hospital Muñiz introduce otra variable: “Asistir a un congreso internacional es inaccesible para el sueldo del médico promedio, no solo por estar vacunado o vacunada con Sputnik, sino también por el gasto. A un trabajador alemán trasladarse a España no le mueve un pelo, pero a nosotros sí se nos mueven los pelos, porque ese mes no comemos”.

“El Ministerio de Salud de la Nación debería estar pensando en un plan por si la OMS no aprueba la Sputnik V. La situación además se presta: los trabajadores de la salud fueron los primeros inmunizados y los próximos a los que les tocaría una tercera dosis de refuerzo”, dice Roberto Debbag, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica.

Para Debbag sería útil iniciar estudios de compatibilidad de Sputnik V con la monodosis Janssen, de Johnson & Johnson, que fue aprobada por la ANMAT el 5 de octubre. O con la también monodosis CanSino, una vez que reciba el aval de la OMS. “Como se hizo en los esquemas de vacunas heterólogas, cuando escaseaba el segundo componente de Sputnik V. Eso podría ayudar a resolver el problema”.

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