Pepe Chatruc, Chanchi Estévez y la génesis del paso a paso del Racing campeón de 2001: remontada con Estudiantes, el mito de las valijas y la huelga que no fue

Son las nueve y media de la noche de un 27 de octubre, dos décadas y un día hacia atrás. En la concentración de Racing, José Chatruc (24 años, entonces) se acerca hasta la habitación de Gustavo Campagnuolo (28) a fumar un cigarrillo. Lo llaman el “Tanito de la reflexión” y es el ritual que…

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Son las nueve y media de la noche de un 27 de octubre, dos décadas y un día hacia atrás. En la concentración de Racing, José Chatruc (24 años, entonces) se acerca hasta la habitación de Gustavo Campagnuolo (28) a fumar un cigarrillo. Lo llaman el “Tanito de la reflexión” y es el ritual que tienen antes de cada partido el arquero que fue campeón con San Lorenzo en ese mismo 2001 y el volante que arribó a Avellaneda en 1999, desde Platense. Reinaldo Carlos Merlo, el DT del equipo, mandó al Chanchi Maximiliano Estévez (27) a concentrar con Campa con tal de lograr que el revoltoso delantero apagara la luz temprano. Pero los que no pueden dormir antes del trascendental partido que la Academia está por jugar con Estudiantes de La Plata son “el hombre serio del equipo” y su amigo Pepe.

Yo soy goleador, soy de hacer goles, pero no la estoy metiendo. Es raro lo que me pasa, no me está quedando”, se lamenta Chatruc. El jugador se da cuenta de que su compañero lo mira con un gesto que no decodifica, con mucha atención, como descreído: “Vas a ver que si mañana me queda la meto“, apuesta. La charla sigue con el análisis del partido que les puede plantear Estudiantes, en La Plata. Pero todas esas teorías se van a desvanecer horas después cuando se encuentren con un campo de juego que tendrá más barro que un corral de cerdos.

Es el año 2001 y, a esa altura, Racing ya cuenta 35 años sin títulos locales. Termina octubre. Se está por jugar la fecha número 11 del Torneo Apertura y ya se escuchó el “vamos paso a paso… paso a paso” en el vozarrón de Mostaza. La fobia del DT platinado por la palabra “campeón” nació después de la tercera jornada y el responsable tiene nombre y apellido: José Manuel Chatruc.

¿La génesis de la frase cabecera del DT? Racing había conseguido una buena victoria en la tercera fecha en Rosario, frente a Central, y Pepe se prestó a una producción de fotos con el diario Olé. El jugador se puso un gorro de carnaval carioca con los colores celeste y blanco, “que en realidad era de Argentina”, recuerda ahora. Chatruc estaba emocionado porque había convertido el gol de la victoria frente al Canalla y se le fue la lengua: “Este equipo tiene mística para ser campeón”.

La pose victoriosa del futbolista sonriente, con unas gafas de marco naranja en la tapa del suplemento Racing del diario deportivo, le sumaba espectacularidad al anuncio. Parecía algo positivo, pero la reacción del DT no fue la esperada.

Al otro día llego a la práctica y veo que Mostaza los tiene a todos sentados, en penitencia, y gesticulaba. Los estaba cagando a pedos por culpa mía. Se había puesto loco: ´Hay que ser humildes, ¡qué campeonato! ¡No ganamos nada!´, gritaba. Y tenía lógica lo que decía: Él arrancó con el ´paso a paso´ y logró que nosotros hiciéramos carne eso de ir partido a partido”, reflexiona Chatruc con Clarín en su departamento de Palermo: “Era un poco cábala y un poco mensaje de humildad”, completa.

28 de agosto de 2001: Chatruc grita su gol, en la tercera fecha frente a Rosario Central. Después de ese partido, Merlo les prohibió a los jugadores decir la palabra campeón.

Ahora llega Maximiliano Estévez, uno de sus laderos inseparables en el Racing campeón de 2001, y está claro que la amistad siguió a pleno en estas dos décadas. El Chanchi saluda y abre la heladera como si estuviera en su casa. Saca una botella de Corona y se dirige directo a una puerta secreta del modular de la cocina, donde agarra un paquete de maníes. “Manejate…”, le tira Pepe y el delantero se suma a la charla como si no lo escuchara.

Seguimos con esto del paso a paso, ¿hasta dónde se lo creían los jugadores? “El decía, ‘vamos partido por partido’, pero el equipo estaba mentalizado en pelear el campeonato. En la octava fecha lo pasamos por arriba a San Lorenzo y lo veías: era el último campeón y tenía un equipazo. Empezamos perdiendo y en el primer tiempo los matamos a pelotazos. Tenía mucha dinámica ese Racing. Le hicimos cuatro goles al último campeón con un director técnico como Manuel Pellegrini que estaba súper valorado”, asegura el Chanchi.

Chatruc con su hijo Silvestre y su amigo inseparable Estévez. Los ex jugadores conducen un programa de radio en una emisora rosarina. Foto: Fernando De la Orden

Aunque muchos lo criticaban, ese Racing era una topadora, te llevaba puesto. Sólo nos superó Boca en el campeonato. Y con San Lorenzo fue un baile”, se suma Chatruc, que también resalta el clásico con el Ciclón del 30 de septiembre de 2001. “´Jugando así va a ser difícil que nos ganen´, dijimos después de ese partido. Ahí yo sentí que podía ser”, cierra Estévez.

Muerte en el tren y un remontada épica bajo la lluvia de La Plata

Un tren que llega a la ciudad de La Plata. Diez vagones pintados de celeste y blanco. El desborde es evidente. Dos mil personas. A razón de doscientos por formación. Esa es la primera imagen que viene a la memoria al invocar aquel 28 de octubre de 2001. Los hinchas asomados por puertas y ventanas del ferrocarril, colgados de los estribos y hasta subidos a los techos. Era domingo y una formación especial había salido a las 13.15 desde Constitución hacia la estación de La Plata con miles de voces cantando “que de la mano, de paso a paso, todos la vuelta vamos a dar”. Una fiesta. ¿Una fiesta?

La jornada del 28 de octubre comenzó en tragedia cuando un hincha resbaló del tren. La formación de diez vagones llevaba 2000 personas.

Es que la historia arrancó mal aquel último domingo de octubre: antes de llegar a Gonnet, Fernando Incarbone, un hincha de 21 años se resbaló en uno de los escalones mojados por la lluvia y murió al caer sobre las vías

La fiebre por ver al Racing que podía quebrar la racha de 35 años sin títulos locales provocaba que los hinchas hicieran ese tipo de locuras con tal de seguir al equipo de Mostaza. Fue la nota negra de la jornada.

Como pasa en la Argentina, el show debía seguir. Y siguió. Pero hubo un bonus track: a la vuelta, la barra tiró a un hincha del tren. En teoría, era un infiltrado Pincha. Por suerte, el joven tuvo mejor suerte que Incarbone.

La Academia llegó a aquel partido de la fecha 11 con 26 puntos. Cinco puntos atrás, lo acechaba el River de Ramón Díaz, que no daba tregua. Es que, el riojano contaba con un equipazo con jugadores de la talla de Ángel David Comizzo, Celso Ayala, Mario Yepes, el Lobo Ledesma, Cuchu Cambiasso y Víctor Zapata. Pero, lo mejor era ataque con D’Alessandro, el Burrito Ortega y Cardetti.

Los hinchas de Racing coparon la vieja cancha de Estudiantes bajo la lluvia.

Volviendo a 1 y 57, el partido pareció revivir aquellos duelos de los sesenta entre los cuadros de Zubeldía y el mítico Equipo de José. Es decir, Estudiantes hizo su juego, fiel a la mística pincharrata. Pero no hubo agujas ni alfileres, apelaron a terminar con las buenas vibras que impulsaban al tren del paso a paso.

Cuando Mostaza Merlo ingresó al campo de juego de la vieja cancha de tablones, lo esperaron con un ramo de rosas. Y para el rubio platinado fue como ver a la parca. Sintió que a partir de ese momento todas sus cábalas se desactivaban: el jean, la camisa celeste y los cuernitos quedaban sin efecto.

Y fue creer o reventar. Estudiantes se llevó puesto a Racing en el primer tiempo. “La cancha estaba pesadísima. No podíamos desplegar nuestro juego que era de mucha velocidad, un equipo rápido, fuerte”, recuerda Estévez.

El Mellizo Gustavo Barros Schelotto fue el fusible en el entretiempo.

Se jugaban apenas 15 minutos cuando Osorio abrió para Juan Fernández que entraba por el centro del campo y, sobre la medialuna, fusiló a Campagnuolo. La velocidad del tiro y la cancha hicieron que la pelota se metiera por debajo del arquero que no tuvo una buena respuesta y no pudo retener el remate. Pero hubo más: a los 40 minutos, Bastía metió un planchazo en tres cuartos de cancha, Pompei sacó un tiro libre bombeado al área y el Flaco Loeschbor se chocó la pelota que se metió en su propio arco. El relator se lo dio a Quatrocchi y el central lo gritó como propio.

La Academia la sacó barata, porque sobre el final del primer tiempo el Tecla Farías quedó enfrentado con el 1 de Racing y erró un mano a mano increíble. Era el tres a cero.

Chatruc salta y choca su cabeza con Juan Fernández, que anotó el primero.

Reinaldo Merlo se fue sacado al entretiempo: “Cuando entró al vestuario pateó un Gatorade que casi me arranca la cabeza. ‘¡Despiértense!’, gritaba desencajado Mostaza. Nos re puteó, no podía creer la fiaca que teníamos”, recuerda Chatruc.

El fusible del primer tiempo fue Gustavo Barros Schelotto que se la había pasado peleando con los jugadores de Estudiantes y patinó en el barro de 1 y 57. Mostaza lo sacó y “el Mellizo quedó se quedó con una calentura infernal”, recuerdan quienes estuvieron en ese vestuario. Una situación que le agregó más tensión a los 15 minutos de descanso. El DT puso a Rafael Maceratesi y dejó tres atacantes en cancha.

Lucha en el barro. Maciel se toma de un jugador del Pincha, mientras Cascini lo sigue de cerca. El partido fue de dientes apretados.

Sigue Maxi: “Mostaza muy enojado, además lo habían tratado mal en La Plata, estaba incómodo. Por eso entró y pateó todo: ´¡Qué les pasa! ¡Están dormidos!’, nos decía. Pero los cambios surtieron efecto: creo que a los 7 minutos ya íbamos 2-2. Y eso nos dio un margen para ir a buscar el partido”.

“Cuando puso a Rafa, tuvimos un delantero más. Yo pasé a la derecha y se hizo más ofensivo el equipo. Armamos un tándem con Rafa, Vitali, el Enano y yo que iba suelto. Y así los desbordamos por todos lados”, recuerda Chatruc, que en su racconto omite que en la delantera también aparecía un Diego Milito de 22 años.

Estévez tiene buena memoria. En seis minutos del segundo tiempo Racing se había puesto 2-2. El propio Maxi descontó de cabeza y después se arrastró para empujar un centro rasante de Vitali.

Maximiliano Estévez celebra el gol del empate, el segundo de su cuenta persona en cancha de Estudiantes.

El tercero llegó de la mano del hombre que la noche anterior se lamentaba porque la pelota no le quedaba. Chatruc arrancó en tres cuartos de cancha e intentó armar una pared con Milito. Pero la pelota rebotó en el taco de uno de los centrales de Estudiantes. Fue una pared involuntaria que lo dejó de cara al gol de la victoria. El Pepe le pegó de cachetada y salió gritando como un loco.

Ese festejo fue hermoso. El Chanchi me gritaba: ´¡Qué golazo! ¡Qué golazo!’, en medio del festejo de la gente. Y yo los abrazaba fuerte´. Fue algo épico para nosotros dar vuelta ese resultado”, recuerda José.

Loco un poco. “Ese festejo fue hermoso. Me saqué la remera y me abracé con Chiche y el Enano. Después llegó Maciel. Fue algo épico para nosotros dar vuelta ese resultado”, recuerda Chatruc.

-Después del partido se dijeron muchas cosas, ¿esas versiones llegaban a oídos del plantel?

Chatruc: Sí, arrancaron con el mito de las valijas. Pero, el que sabe un poco de fútbol, se da cuenta de que es imposible de sincronizar algo así. Ponele que les hubieran dado las supuestas valijas en el entretiempo: cómo hace Farías para errar el gol antes del final del primero; y cómo hacemos nosotros para darlo vuelta con esas jugadas. Unos días después, a mí me pasó algo muy loco. Tuve que ir a la AFA y me encontré con algunos jugadores de Estudiantes: ¡Sabés la calentura que tenían!

Estévez: Decían que habían llamado en el entretiempo y habían arreglado y te digo la verdad… todos esos mitos desaparecieron unas fechas después cuando me anularon dos goles contra Banfield.

Chatruc: A nosotros nos dolía que se dijeran esas cosas. Se despreciaba mucho a ese Racing, decían que jugaba mal, que era defensivo, pero yo los invito a ver los partidos. Superamos a todos los equipos. Y era un equipo que defendía con tres: si 

La tapa del Deportivo de clarín del 29 de octubre de 2001.

La huelga que no fue

Pocos lo saben, pero el plantel que cortó la racha de 35 años de Racing sin títulos estuvo a punto de hacer una huelga, unas fechas antes del histórico partido frente a Estudiantes.

Recordemos un poco. Había empezado el Siglo XXI y la Academia venía de la peor crisis de su historia, con una deuda que superaba los sesenta millones de dólares y más de tres décadas sin títulos locales, lógica consecuencia de los desmanejos que había vivido la institución desde la década del 70.

Todavía retumbaba el bong del redoblante que había explotado en la cara de Daniel Lalín y, con la quiebra consumada, apareció un nombre que no figuraba en los libros de historia de la Academia: Fernando Marín, un empresario vinculado a la televisión y al tenis, que se presentó con la cara de Blanquiceleste S.A., la firma que gerenció el club.

Fernando Marín, en el Cilindro de Avellaneda.

Marín sorprendió con la contratación Mostaza Merlo, “Carlos”, como le decía él. Y, tras zafar del descenso dos fechas antes de terminar el Clausura 2001 (coronado con la victoria en cancha de Independiente), se empezó a armar el equipo del flamante gerenciamiento. Pero los nombres que llegaron no fueron rutilantes.

El empresario, más vinculado al polvo de ladrillo del Lawn Tenis que a las tribunas del Cilindro de Avellaneda, comenzó a fotografiarse con las incorporaciones, que estuvieron lejos de ser figuras.

Así llegaron Gerardo Bedoya y Alex Viveros, dos desconocidos para el futbolero promedio, aunque con chapa de Selección Colombia; el cordobés Leonardo Torres, que venía de Belgrano de Córdoba; Cristian Chino Ríos con pasado en Unión y un efímero paso por Boca y otros nombres como Martín Vitali, que al principio fue mirado de reojo por los hinchas porque saltaba de vereda en Avellaneda pero  que sería clave en el título. Y en la delantera, Racing incorporó a Rafael Maceratesi que dejaba Rosario Central para ponerse por primera vez la camiseta de un grande.

Bedoya y Viveros celebran el campeonato de Racing.

“No era lo que se esperaba de un gerenciador. Vos imaginabas que Racing iba a salir a romper el mercado y de repente los jugadores más importantes que llegaron fueron los dos Gustavos que no eran precisamente súper estrellas”, recuerda Chatruc. El exvolante, hoy periodista recibido, se refiere a Campagnuolo que venía de ser campeón con San Lorenzo y a Barros Schelotto que había perdido terreno en Boca.

Según recuerdan los jugadores de aquel ciclo, “los primeros seis meses del gerenciamiento fueron Disney”. Es que, Racing pagaba al día después de décadas: “los martes teníamos los premios depositados”.

Y el paso a paso había ayudado. De la primera recaudación de 158.880 dólares (para los Milennials: en aquella época, todavía un peso equivalía a un dólar) del partido con Argentinos Juniors los números crecieron cinco veces. El 16 de diciembre, tras el 2-0 frente a Lanús, Blanquiceleste S.A. declaró que se habían recaudado 680.954 pesos dólares (a números de hoy, más de 129 millones de pesos en un solo partido), lo que totalizaba una cifra total que superaba los dos millones y medio de dólares de recaudación (exactamente: U$S 2.525.604,254) sólo por los partidos que Racing jugó como local.

Racing recibió a Lanús el 16 de diciembre de 2001 a cancha repleta.

A pesar de los millonarios ingresos, en septiembre la gerenciadora comenzó a incumplir en sus compromisos con los jugadores: “De repente, se empezaron a retrasar los premios y empezaron a quedarnos sueldos adentro”.

“Claro, cuando lo ves a la distancia, tiene su lógica. Cuatro meses después explotó el país y todo lo que no cobramos valía mucho menos cuando lo recibimos, en 2004. Como si alguien hubiera tenido un ´dátolo´ de lo que iba a pasar”, ironiza Chatruc.

El país estaba al borde del colapso, los pesos/dólares estaban a punto de quedar atrapados en el corralito de Domingo Cavallo y los jugadores que corrían detrás de una gesta histórica se plantearon tomar una medida de fuerza por el atraso en los pagos.

La Academia ganó dos a cero su último partido de local el 19 de diciembre de 2001. Unos días después, explotaría el país.

“Nos reunimos con los muchachos y apareció la posibilidad de hacer un paro o de dejar de concentrar, en reclamo de los pagos. ¿Te imaginás el escándalo que hubiera sido si hacíamos una huelga? Nos hubieran tratado de mercenarios. Pero lo hablamos con todo el plantel y decidimos que lo más importante era ir por la gloria. Y la muestra que dejamos todo está en la garra que puso el equipo en partidos como el de Estudiantes o en el cuatro a cuatro contra Nueva Chicago”, cuenta Chatruc que quedaría en la historia como uno de los jugadores que consiguió el título más sufrido (¿y el más disfrutado) en la historia de Racing.

El Jugador terminó de cobrar los compromisos con la gerenciadora en 2004. Ya había saltado de Racing a San Lorenzo, luego tuvo un paso por el Grasshopper de Suiza, el Barcelona de Ecuador y recién saldaron su deuda cuando regresó al país para jugar nada menos que en Estudiantes.

“Más allá de la plata, haber salido con Racing tuvo una épica especial. Sacando ganar una Copa Libertadores, qué podía ser más grosso que ganar con Racing después de 35 años. En ese momento no nos dimos cuenta, pero – por más que todo pasa- ese título marcó nuestras vidas”, cierra Chatruc.

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