Las lluvias trajeron más alivio para la soja que para el maíz

Las lluvias de la última semana significaron un alivio no sólo frente a la ola de calor. Cortaron una fuerte sequía de un mes y medio que venía afectando seriamente a los cultivos de soja y maíz, los dos principales de la Argentina, y calmaron las inquietudes de productores. También le dieron un poco de…

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Las lluvias de la última semana significaron un alivio no sólo frente a la ola de calor. Cortaron una fuerte sequía de un mes y medio que venía afectando seriamente a los cultivos de soja y maíz, los dos principales de la Argentina, y calmaron las inquietudes de productores. También le dieron un poco de tranquilidad al Gobierno, que venía siguiendo de cerca la cuestión climática por la demanda de electricidad y por el crucial aporte del campo a la economía.

En los últimos 7 días, las precipitaciones acumularon un promedio de 100 milímetros. Aunque con variabilidad por regiones, en general resultaron poco menos que “agua bendita” para todo el país. Se espera una semana más de chaparrones que le darían otro envión a cereales y oleaginosas camino a la cosecha de otoño.

El desarrollo de esos cultivos debe atravesar todavía un mes crucial para la definición de sus rendimientos, lo que se denomina en términos agronómicos como “período crítico”, pero en muchos campos se ve una perspectiva mucho más positiva luego de los chaparrones.

Se esperan más lluvias para esta semana, como para arrancar febrero con mejor humedad en los suelos agrícolas y atravesar con buenas reservas la etapa reproductiva de las plantas (formación y llenado de granos). Pero en las primeras evaluaciones sobre los efectos de estas precipitaciones, los daños parecen mucho menores a los que se estimaban una semana atrás.

Vale aclarar que las lluvias tuvieron impacto diferente según los cultivos y sus momentos de siembra. Llegó tarde para el maíz temprano (sembrado en septiembre octubre), a la soja (octubre y noviembre) en general la reanimó y a los maíces tardíos (noviembre) o de segunda (diciembre-enero) le llegó justo a tiempo.

Entre los maíces tempranos habrá pérdidas irrecuperables, señalaron desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). Pero ponderaron que el escenario para los maíces tardíos y toda la soja mejoró no solo con las lluvias acumuladas, sino también por los pronósticos de precipitaciones para esta semana.

Maíces tempranos, los grandes perdedores

Con todo, el panorama es bastante más austero que el de la campaña pasada. En Rojas, en el corazón geográfico del maíz argentino, entre los sembrados “en fecha” (septiembre y octubre) ahora se esperan 50 quintales, en lotes que en los últimos años cuanto menos duplicaron esa productividad.

La ola de calor dejó a todos los lotes de los maíces tempranos (el 40% del total nacional) en una condición entre regular y malo”, explicaron los técnicos de la Bolsa de Comercio de Rosario. Las excepciones pueden ser algunos casos en los que todavía se apunta a 80 quintales. Es donde la napa estaba alta, al alcance de las raíces. Ese manejo selectivo de las diversas parcelas les permite tener expectativas favorables a algunos productores.

Muy diferente es la situación de los maíces que llevan menos tiempo de implantación y atravesaban su período vegetativo en medio de la ola de calor. Con estas lluvias entrarán en mejores condiciones al determinante período reproductivo, que define el estado de los choclos y los rindes a cosecha.

La soja resiste mejor pero sigue en riesgo

Los cultivos de soja también sufrieron la falta de agua y el sofocante calor de semanas atrás, pero en muchos casos se están reanimando tras las recientes lluvias, destacaron desde la BCBA. Ahora se espera terminar de sembrar, para alcanzar las 16,4 millones de hectáreas previstas. Entre las 800.000 hectáreas que faltan predominan las del norte argentino donde “la falta de humedad superficial impidió el avance de las labores de implantación”.

Los productores observan la reacción de la soja ante la lluvias y en muchos casos observan una recuperación auspiciosa.

De todos modos, en todas las regiones se esperan más lluvias para asegurar la recuperación de la oleaginosa, que se empieza a cosechar en marzo y en el segundo trimestre del año define el ingreso de divisas del país.

Otro factor a tener en cuenta, a la par del clima, son las cotizaciones internacionales. Este jueves, la soja llegó a US$ 524 por tonelada en Chicago, un valor que no mostraba desde agosto. Es un precio alto de acuerdo a los promedios históricos, y está impulsado por las mermas productivas que se esperan en Brasil –principal productor global-, en Argentina, Paraguay y Uruguay.

Sólo en Sudamérica, la sequía produciría una reducción de 22 millones de toneladas en la cosecha global de soja. Nuestro país apenas superaría los 40 millones de toneladas, lejos del récord de 2014-2015 que superó los 60 millones de toneladas y también por debajo de los 43,5 millones logrados el año pasado.

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