¿Y ahora qué y cómo?: la Selección Argentina quedó sin margen de error y la sensación es que se rompió la burbuja

La solidez del invicto de 36 partidos dio paso a las inseguridades de cualquier derrota, potenciadas por ser en el debut de un Mundial. No hay tiempo: el sábado tiene que estar de pie. ¿Y ahora qué? El golpe es brutal, inesperado. El Mundial de la ilusión se convirtió en otro Mundial para sufrir. Demasiado…

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La solidez del invicto de 36 partidos dio paso a las inseguridades de cualquier derrota, potenciadas por ser en el debut de un Mundial. No hay tiempo: el sábado tiene que estar de pie.

¿Y ahora qué?

El golpe es brutal, inesperado. El Mundial de la ilusión se convirtió en otro Mundial para sufrir. Demasiado rápido. Con esa sensación amarga se fueron los miles de hinchas que llegaron al estadio Lusail cantando “que de la mano de Leo Messi todos la vuelta vamos a dar…”; con esa decepción tuvieron que encarar el resto del día los que se levantaron antes de las 7:00 en Argentina.

“¿Será maldito, Qatar?”, se preguntan todos; “¿habrá resurrección a tiempo?”, interrogan a los astros.

Unos y otros, todo el planeta fútbol en realidad, imaginaron que el partido con Arabia Saudita iba a ser el comienzo de una Copa del Mundo para disfrutar, esa que de antemano (y en forma temeraria quizás) definimos como el Mundial de Messi, como si eso garantizara el título para Argentina. Pero Messi (pobre Messi, cuánto le pedimos todos) esta vez no estuvo a la altura y la Selección tampoco.

Messi, puro lamento ante Arabia Saudita. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – Clarín

En forma extraña, el capitán no entendió cómo había que jugar un partido en el que Arabia Saudita defendió a 40 metros de su arco, apostó a la complicidad del offside semiautomático, tejió la telaraña con esa idea y dio el primer gran golpe de Qatar. La Selección siguió a Messi en su confusión y también en el naufragio.

¿Y ahora qué? Ahora Argentina se tiene que levantar antes de que le cuenten hasta diez para que la mano no sea de nocaut. El tema es cómo.

No hay tiempo: el sábado tiene que estar de pie.

El invicto se quedó en 36, en el partido menos esperado. Podía pasar, pensamos todos, pero más adelante, cuando enfrente estuvieran selecciones más pesadas. Error de cálculo. Este terremoto se parece al de Camerún en el Mundial 90. Aquella vez el equipo, con Maradona y Bilardo, supo reaccionar, pasó raspando de ronda, sobrevivió en forma milagrosa ante Brasil y llegó a la final. No hay que olvidar que el Narigón afiló el bisturí y varios no volvieron a jugar. Son recuerdos en forma de autoayuda.

Angel Di María fue de los que más intentó en ofensiva, con pocos espacios. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – Clarín

También fue una sorpresa el debut en Rusia, con empate frente a Islandia, pero la de Sampaoli era una Selección frágil y tambaleante. La actual superó todas esas desprolijidades internas y vivía una luna de miel, tal vez peligrosa. “Mejor no podíamos venir”, reconoció Lionel Scaloni en la conferencia de prensa.

La historia argentina en los Mundiales nos recuerda que cuando mejor llegamos peor nos fue (con Bielsa en 2002) y que cuando peor llegamos mejor nos fue (con Bilardo en 1986). ¿Tan solo curiosidades?

Tal vez sea la oportunidad para darle un toque de épica a un Mundial que muchos imaginaban como un cuento de hadas.

Pero primero hay cosas concretas para analizar. Como aquel equipo de Bielsa, que un año antes de Corea-Japón estaba en el podio mundial de selecciones, este de Scaloni también estuvo en plenitud meses atrás y llegó en una curva un tanto descendente.

Las lesiones lo maltratan. La ausencia de Giovanni Lo Celso es para lamentar, los cambios a último momento en la lista (salieron Joaquín Correa y Nicolás González) dejaron alguna huella y las condiciones físicas no ideales de varios jugadores como Cristian Romero o Papu Gómez, entre otros, se empiezan a notar.

Papu Gómez fue titular y reemplazado en el segundo tiempo. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – Clarín

La sensación es que se rompió la burbuja, esa en la que todo salía a la perfección: el liderazgo de Messi, la intimidad del plantel, la relación con el cuerpo técnico. ¿Se podrá arreglar?, ¿cómo?

“Toca levantarse- dice Scaloni- No queda otra que ganar los próximos dos partidos”. La cuenta no es tan exacta: en Rusia 2018 la Selección pasó de ronda con un empate y un triunfo. El tema, esta vez, es que Arabia era considerado por todos como el cuarto del grupo y ahora se convirtió en un posible clasificado. El sorprendente 2-1 modificó el mapa. El margen de error se achicó y la Selección ya usó su permitido, si vale el término.

Entonces, sí: ganar los dos partidos (México y Polonia, que dieron una mano empatando en cero) es el remedio más confiable.

En el mundo ideal en el que pensamos que vivía la Scaloneta molestaba una nube: no se sabía cómo reaccionaría el equipo ante una situación adversa. La respuesta estuvo lejos de tranquilizar. Vivió la hasta aquí desconocida experiencia en un momento muy inoportuno, el debut mundialista, pero era lógico pensar que en Qatar algo así iba a suceder. En la cancha ante Arabia no lo supo manejar, aunque es cierto que dos goles en cinco minutos y más si actúan para dar vuelta un resultado, golpean a cualquier equipo. Pero la Selección tuvo más de media hora para reacomodar las emociones y el juego y no lo logró. Equivocó siempre los caminos y mostró rendimientos individuales muy por debajo de lo acostumbrado, Messi incluido.

La salida a la cancha de la Selección Argentina antes del partido contra Arabia Saudita. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial – Clarín

Más allá de la preocupante imagen que dejó el equipo, más allá del resultado histórico, las preguntas más urgentes ahora giran sobre la capacidad de recuperación que tengan el plantel y el cuerpo técnico, obligados a reaccionar sin demora.

¿Y ahora cómo? Esa es la pregunta principal. La Selección necesita recuperar la memoria reciente y superar el trauma. Scaloni no debería dudar a la hora de hacer ajustes, como no dudó cuando decidió desafectar a Joaquín Correa y Nicolás González. Los Mundiales exigen decisiones rápidas. Tiene que jugar el que esté en mejores condiciones, más allá de la importancia de los servicios prestados en los últimos tiempos. Si considera que tiene que sacar a alguno de sus referentes o habituales titulares deberá hacerlo.

La derrota pegó en donde parecía más fuerte el equipo, en su confianza. Sin ese combustible el fútbol no circula.

Y sin fútbol no se puede ganar.

Doha, Qatar. Enviado especial