Arturo Puig: lamentablemente creo que la ficción en tele se terminó

Pareja en la vida real y en la ficción, Arturo Puig y Selva Alemán estrenaron en septiembre último en el Teatro San Martín “Largo viaje de un día hacia la noche”, el clásico de Eugene O’Neill (Premio Nobel de Literatura en 1936 y uno de los pilares del teatro realista) donde el dramaturgo estadounidense retrató autobiográficamente la historia de su compleja familia. Esta vez, con dirección de Luciano Suardi y en una calle Corrientes repleta de comedias.

Así, a contramano de una cartelera que en su mayoría invita a un rato de distensión para hacer más llevadera la dura realidad local, aquí el talentoso y experimentado Puig explica el porqué de esta esta nueva puesta de un texto tan notable como duro, con el cual la nave insignia del Complejo Teatral de Buenos Aires acaba de abrir su 2024 tras un breve receso veraniego.

Arturo Puig: Hace mucho tiempo que teníamos ganas de hacer esta obra, pero en un contexto donde predominan las propuestas para pasar el rato y evadirse un poco en un momento tan difícil, no era sencillo meterse con una dramaturgia fuerte y profunda. De todos modos, nosotros creíamos que había un público con ganas de ver un O’Neill y quedarse pensando en alguna frase o alguna situación. Para mí, esa es la función principal del teatro: que la gente pueda verse reflejada en un personaje y quizás cambiar un pensamiento o una actitud. Como sea, esa creencia coincidió con las ganas del San Martín de hacer también un O´Neill y todo se fue dando de forma maravillosa. Incluido el recibimiento del público.

Noticias: Aunque no dejó de ser una apuesta con cierto riesgo.

Puig: Seguro. Pero lo cierto es que la sala Casacuberta se llenó hasta los laterales, lo que no pasaba hacía tiempo. Esto, dicho por la propia gente del teatro.

Noticias: En  la reposición, comparado con el estreno, sentí que las pocas pinceladas de humor que tiene la obra, ahora pesan más. ¿Eso fue algo buscado u ocurrió naturalmente, con el devenir de las funciones?

Puig: Se fue dando. “Largo viaje…” no es una pieza donde uno pueda hacer mucho para que el público se ría. Y cuando lo hace, es porque hay frases o situaciones tremendas. Como cuando Jamie, el hijo mayor de los Tyrone, dice: “¿Dónde está la drogadicta?” en referencia a su madre. Esas son risas catárticas.

Noticias: La obra se hizo cuatro veces en Buenos Aires. Primero, con Inda Ledesma y Carlos Muñoz; luego con Norma Aleandro y Alfredo Alcón; después con Claudia Lapacó y Daniel Fanego; y finalmente con Selva y Víctor Laplace. ¿Pudo ver alguna de esas puestas?

Puig: Curiosamente, no. Ni siquiera esa donde actuó Selva, porque estaba trabajando en otra cosa. Lo que sí vi en el Regio poco antes de nuestro estreno fue “Elsa Tiro”, que habla de O’Neill y su posible vínculo con un film porno en su paso por Buenos Aires, donde llegó en 1910 de marinero. Como Edmund, el otro hijo de James y Mary. Todo un personaje O’Neill

Noticias: Claro, porque James, su personaje, vendría a ser el padre de O’Neill.

Puig: Sí. James es un actor exitoso, que llevaba a su familia de un hotel de segunda a otro por sus constantes giras, cosa que Mary siempre le reprocha. Lo de esos hoteles es porque él es muy tacaño; y además, tiene problemas con el alcohol. Él quería ser un actor shakespeariano, pero terminó yendo detrás de la taquilla con otra obra. Tal vez por el fantasma de haberse criado en medio de la pobreza.

Noticias: Intuyo que para O’Neill, “Largo viaje…” fue una forma de exorcizar sus fantasmas.

Puig: De hecho él pidió que la obra no se hiciera hasta 25 años después de su muerte, lo que su última esposa no acató. O’Neill fue una persona muy peculiar. Te voy a contar algo que me contó un amigo mío que también es amigo de Geraldine Chaplin y que pocos saben: Cuando Geraldine, que es nieta de O’Neill, tuvo a su primera hija, ella fue a casa de Eugene para que la conociera, y él no las recibió. Todo porque O’Neill nunca aceptó el casamiento de su hija Oona con Charles Chaplin, ya que ella tenía 17 años y él, 54; y se enojó tanto que nunca más la vio.

Noticias: Qué raro, ¿no? Sobre todo, teniendo en cuenta la intensa vida que tuvo O’Neill. De hecho, leí que aquí vivió en La Boca, en medio de prostitutas.

Puig: Aparte, su yerno era nada menos que Chaplin, un genio. Quizás fue justamente por eso que se enojó, por celos.  

Noticias: ¿De qué más se nutrió para hacer esta obra?

Puig: Leí todo lo que pude sobre O’Neill, su padre y esa familia tan disfuncional. Además, vi fragmentos de un monólogo de Christopher Plummer, uno de los grandes actores que hizo esta obra. Como Jack Lemmon, Laurence Olivier y Jeremy Irons.  

Noticias: ¿Cómo es trabajar con Selva?

Puig: Ahora, muy bueno. 

Noticias: ¿Por qué “ahora”?

Puig: Porque antes nos criticábamos mucho.

Noticias: ¿Cómo lo modificaron? 

Puig: Porque una vez nos llamaron para hacer “Cristales Rotos”, y como ninguno quería perderse la oportunidad de hacer un Arthur Miller, tuvimos que ponernos de acuerdo. Ahora todo es más tranquilo.

Noticias: La vitalidad de ambos en escena es admirable. Sobre todo, teniendo en cuenta que están allí la mayor parte de la obra. A esta altura de su carrera, ¿no lo tienta más volver a dirigir que actuar?

Puig: Con esta obra, no. Aunque después de cenar y sacar a pasear al perro, caigo rendido (risas). Una vez nos propusieron volver a hacer “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” y dijimos que no, porque es una obra muy física. Pero con “Largo viaje…” valió la pena.

Noticias: Lo último que dirigió fue “Hello, Dolly!”, hasta la pandemia. ¿Piensa volver a ese rol? 

Puig: Está pendiente. Yo, como director, tengo una método que aprendí de Carlos Rivas: mucha lectura de mesa, donde voy marcando ciertas maneras, intenciones. Eso es muy bueno porque los actores se escuchan directamente y eso permite cortar o agregar cosas; y cuando vamos al escenario, nos centramos de lleno en cuestiones vinculadas a lo físico y los movimientos.  

Noticias: En 1974, haciendo también lectura de texto, surgió el flechazo con Selva…  

Puig: (risas) Eso fue en casa de Diana Álvarez, durante la primera lectura del guión de una nueva novela dirigida por ella. Yo venía de hacer “Carmiña”, con Abel Santa Cruz en el viejo Canal 9 de Alejandro Romay, y Selva estaba volviendo tras un retiro; pero como ambos estábamos casados, lo nuestro recién se dio tiempo después, durante la grabación.

Noticias: En 2024 cumplen 50 años juntos. ¿Cómo es hoy esa relación? 

Puig: Muy buena. No sólo porque volvimos a trabajar juntos, sino porque el abuelazgo de tres nietos nos revitalizó. Esos niños son de los dos hijos que tuve en mi matrimonio anterior, pero Selva -que es muy inteligente y nunca quiso ocupar el lugar que le correspondía a la madre- supo ganarse su cariño y crear un vínculo muy fuerte; que ahora continúa con los nenes. El abuelazgo es algo muy especial, porque a tus nietos te permitís mimarlos más que a tus hijos, ya que como padre tenés que poner límites y como abuelo, no.

Noticias: Recién mencionó a “Carmiña”, que junto a “¡Grande, Pa!”, fueron sus grandes éxitos en TV, ¿no?

Puig: Sí, junto a “Pablo en nuestra piel”, ya de la mano de Alberto Migré, con quien trabajé cinco años en Canal 13. Después, ya en los ’90, llegó “¡Grande, Pa!”, una de las comedias más exitosas de nuestra televisión. Hoy, lamentablemente, creo que la ficción en TV se terminó. Ahora están las plataformas, pero no es lo mismo. Lo que se terminó son esos actores que entraban a los hogares a la hora de la merienda y de la cena como un miembro más de la familia.   

Noticias: “Carmiña” también fue un éxito en cine. ¿Últimamente hizo alguna película?

Puig: En 2022 grabé “Los Justos”, de Martín Piñeiro y que aún no se estrenó. La hice con Claudia Lapacó y Claudio Rissi, que murió hace poco, y habla de la vejez y sus posibilidades de redención, con elementos del policial, el melodrama y la aventura. Un film muy interesante. 

Noticias: ¿Su vocación la descubrió en el Teatro Lasalle, que dirigía su padre?  

Puig: En parte, sí. A mis 14 años, allí estaban ensayando “Panorama desde el puente” y yo siempre me ponía a curiosear. Hasta que un día Pedro López Lagar, que no sabía que yo era el hijo del empresario, me hizo subir al escenario para hacer un pequeño papel y quedé. 

Noticias: Su papá también tenía una casa de utilería que proveía de cosas a las ficciones. ¿Ese lugar también lo influyó? 

Puig: Seguro, porque yo ahí jugaba con lanzas, rifles y espadas, creyéndome el Burt Lancaster o el Errol Flynn que veía en los cines de Belgrano, donde vivíamos. Creo que todo nació con esas proyecciones. De hecho, hace poco, caminando por Belgrano, donde sigo viviendo, me crucé con un señor de mi edad que me recordó cómo yo les contaba esas historias a otros chicos del barrio. Él me dijo: “Las contabas mejor que las películas”. Y tal vez era sí, porque en verdad yo las recreaba. Tanto que luego de ver el Frankenstein de Boris Karloff les conté que el personaje tenía la cabeza cuadrada de tanto golpeársela contra una pared.

Noticias: Y le creyeron.

Puig: Sí. Así que tan mal no lo he de haber hecho (risas).

por Sergio Núñez

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Tiene como cuenta pendiente volver a dirigir en teatro. | Foto:José Tolomei

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