martes, 16 julio, 2024

Rosario Central festejó ante Peñarol en la Copa Libertadores con un gol de sus zagueros: Facundo Mallo al travesaño y definición de Carlos Quintana

La tarde-noche de Arroyito pintaba mal para Rosario Central. En la previa del debut en Copa Libertadores frente a Peñarol, de Uruguay, un grupo de hinchas canallas arrojó vallas desde la tribuna superior a los simpatizantes del Carbonero. Durante el calentamiento, el delantero charrúa Abel Hernández, que iba a ser titular frente a su ex equipo, sintió una molestia muscular y fue quitado de la planilla. Lo reemplazó Tobías Cervera. Sin embargo, el equipo dirigido por Miguel Ángel Russo se sobrepuso a los contratiempos y ganó 1-0 gracias a un gol de sus centrales.

Tras un córner, y cuando la primera parte expiraba, el uruguayo Facundo Mallo estrelló la pelota en el travesaño. Del rebote, Carlos Quintana ensayó una pirueta y de zurda puso el balón lejos del alcance de Guillermo De Amores. El ex Argentinos Juniors se transformó en el goleador más longevo del equipo rosarino en el máximo trofeo continental: con 36 años, superó en esa estadística a un ídolo del club como Juan Antonio Pizzi, quien había marcado contra Cruz Azul, de México, en las semifinales de la edición 2001.

Carlos Quintana, defensor de Rosario Central, celebra el tanto de la victoria ante Peñarol, por la Copa LibertadoresMARCELO MANERA – AFP

Además de anotar el gol de su equipo, Quintana se erigió en la figura del partido tras evitar el empate del rival. Fue a los 28 minutos del segundo tiempo. Tras un gran pase de Gastón Ramírez, Maximiliano Silvera controló, solo ante Jorge Broun. Alcanzó a definir, aunque con poca potencia.

Quintana, más rápido, puedo despejar cuando la pelota pedía permiso para ingresar en el arco rosarino. En un partido de dientes apretados, a pura energía y con algunos entredichos con el árbitro colombiano Wilmar Roldán, Quintana fue el mejor. Impasable en el mano a mano, ubicuo para defender y voz de mando en la última línea rosarina, redondeó una gran tarea, más allá del gol decisivo.

No fue el mejor partido de Rosario Central, que lucha para volver a ser ese equipo vertical y confiable que se quedó con la última Copa de la Liga Profesional. Entonces tenía a un Jaminton Campaz intratable, a un Ignacio Malcorra gravitante y a Kevin Ortiz como su estandarte en la mitad de la cancha. Todos ellos bajaron un escalón. Por suerte para Russo, ante Peñarol aparecieron otros nombres propios, como Quintana o Tomás O’Connor, el futuro de la mitad de la cancha canalla que ya es presente.

Así, Central tuvo tres oportunidades en la primera parte: todas por la izquierda, donde Malcorra se juntó cuando pudo con Campaz y generó peligro. Primero intentó el colombiano y la pelota se fue desviada. Después, el autor del remate lejano fue Agustín Sández, otro de buen partido en la banda izquierda. Tampoco le acertó al arco. La tercera, que podría haber sido la vencida, partió de los pies del 10, y muchos en el Gigante se atragantaron el gol. Uno de ellos fue Russo, de boina negra, quien casi festeja antes de tiempo. Central era más, y recién pudo plasma su superioridad en ese córner y con sus dos torres. Peñarol, que había tenido el gol en la cabeza de Ramírez, sufrió la pelota parada: no defendió bien ni a Mallo ni a Quintana y cuando reaccionó ya tenía la pelota en su propio arco.

“En la Copa todo va a ser distinto”, decían en Rosario antes del partido. En el trámite, esta versión del equipo de Russo se pareció al equipo que deambula en la Copa de la Liga. A diferencia de otros partidos, esta vez tuvo ganas, energía, vitalidad, despliegue. Le sigue faltando el fútbol, porque de mitad de cancha hacia adelante sus mejores futbolistas están apagados. Jamás le funcionó el contragople. Algunas veces, manejó mal la pelota. Otras, decidió mal. Por eso llegó al final del partido con la soga al cuello, y con apenas un gol de diferencia.

Amparado en el reloj, el equipo local trató de que pasaran los minutos sin pasar demasiados sofocos en defensa. Peñarol, como era esperable, llenó el área de centros. Uno de esos envíos terminó con un contacto entre Quintana y Gianoli, un defensor central devenido en delantero que Diego Aguirre, entrenador de Peñarol, puso en la cancha para cabecear hasta los mosquitos. Los visitantes pidieron penal. El entrenador, con tanta vehemencia que fue amonestado.

El colombiano Jaminton Campaz deja en el camino al uruguayo Maximiliano Silvera durante el partido entre Rosario Central y Peñarol, de Uruguay, por la Copa LibertadoresMARCELO MANERA – AFP

A esa altura, a Central sólo le importaba que pasaran los minutos y el resultado no se moviera. Los tres puntos en el debut copero cotizaban en Bolsa y era lo que el equipo necesitaba para volver a creer. Para volver a ser el que fue en el último tramo del año pasado, ese envión ganador que lo llevó a quedarse con el título en la Copa de la Liga. Hubo empujones, futbolistas con mil revoluciones por minuto y la energía nunca bajó. En un partido fundamental, Central se quedó con la victoria que quería. Con el triunfo que necesitaba.

Lo mejor del triunfo de Rosario Central ante Peñarol

LA NACION

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