Día de la Niñez: los chicos y chicas que son «influencers kids»

Valentín Miere empezó a ser creador de contenido antes de que existiera ese oficio digital. Su primer video fue en Facebook y tenía 3 años. Ahora tiene 11 y más de 1 millón de seguidores en Instagram.

«De tanto verme grabar videos, ensayar, escribir, un día me dijo: ‘¿Puedo hacer un vídeo yo?’. En ese dijo dos líneas. Al principio fue su hobbie, todavía sigue siendo un hobbie», dice a Clarín su papá, Ezequiel, que hace stand up.

Como el nene que era hace siete años (y sigue siendo), «Tin» lo tomó «como un juego». Sin tener un objetivo masivo. Hoy es uno de los «mini influencer» más populares de Argentina.

Uno entre muchos «referentes» kids (o que desean serlo), menores de 14 años, que incluso suelen tener una audiencia mucho más grande en edad: de 18 hasta 30, el grueso de los usuarios en las redes sociales.

Zeta Mundo. Valentín Mieres crea contenido junto con su papá.

Zeta Mundo. Valentín Mieres crea contenido junto con su papá.

El Día de la Niñez llega para @zeta_mundo -como se lo conoce en realidad- con una importante cadena de computación y electro hogar que le pagó para que en un video gracioso con su padre promocione dónde está el mejor regalo para este domingo.

«Nunca pensamos que íbamos a terminar en este lugar. Tin se fue profesionalizando. Cada vez le gustaba más. Le gusta mucho leer y la actuación. Empecé a usar los videítos como una manera de jugar con él, de tener un vínculo entre nosotros y poder enseñarle cosas», sigue Ezequiel. 

Cuando Tin usa la palabra influencer «es en joda». Le gusta más que lo definan como artista. «Escribimos guiones, actuamos, en todo caso seríamos actores», dice el papá. En las escenas con él incluye temáticas escolares, «sobre todo de Historia». La idea es hacer contenido con humor y, mientras, repasar para la escuela.

Uno de sus videos de YouTube tiene 25 millones de visualizaciones, otro, 14 millones. Y también son muy buenas las notas en el colegio.

¿Cuál es el mayor desafío de ser un mini influencer? La dupla (que en septiembre estrena obra en calle Corrientes) dice que -aunque «influencer» no es una palabra tan representativa- el desafío es «el mismo que el de cualquier artista que quiere plasmar su obra, lo que siente que quiere transmitir».

¿Qué pasa con los haters? ¿Hay menos comentarios negativos en las cuentas de los mini influencers, justamente, porque los creadores son chicos?

«La devolución es positiva. Siempre hay gente a la que no le gusta lo que hacemos y sienten ‘necesidad’ de decírnoslo. Y de la peor manera. Pero no me afecta. Papá y yo sabemos que estamos haciendo algo lindo», cierra Tin.

Una niñez entre algoritmos

«Tu hijo o hija debe tener como mínimo 13 años (14 en Corea del Sur e Indonesia) para poder usar TikTok». Esa es letra muerta en la ley -jamás escrita- de esta adictiva red social china. Está claro que niños y niñas de 7,8, 9 años -o mucho más jóvenes- scrollean en TikTok.

En la vida real «juegan» a los challenges (desafíos) virales -que ya no son bailes solamente- y suben contenido. Desde las cuentas de sus madres o padres (que son quienes los graban) o mienten en la edad para tener su propia cuenta.

Sea como fuere, las redes sociales en general (quizá lo es un poco más TikTok) son el nuevo semillero de «famosos» kids. Un casting mainstream. Ya no es más dar bien en cámara. Lo que importa es que des bien al algoritmo. Y, en esta nota, es Apto para Todo Público.

Padres, madres y tutores (aparezcan o no también en los videos) son fundamentales para dar vida a los mini influencers. Pueden y deben dar control a lo que se visualiza o sube. Y todas las redes sociales -por motivos estrictamente legales más que morales- tienen recomendaciones de uso en la niñez.

Meta -dueña de Instagram, Facebook (y WhatsApp)- tiene el control parental (para limitar qué pueden ver y gestionar el tiempo de uso) y restringe la mensajería por parte de adultos a los que no siguen. Además, los de 16 años o menos tienen por default cuentas privadas.

Pero, ¿cómo se verifica que quien sube contenido no está mintiendo (para arriba) con la edad?

Además, de la verificación de edad (con DNI o video selfie) entra en juego la inteligencia artificial. Reconoce si un usuario es adulto o adolescente y, en este caso, restringe el contenido, la publicidad y el acceso a la plataforma de citas Facebook Dating.

En el caso de Ian Moche -para evitar la suspensión por parte de Instagram- su mamá aclara en la biografía que es una «cuenta sobre el hijo de Marlene». Es Ian el enorme «mini activista». Se hizo viral por su gran capacidad para comunicar temas de espectro autista y neurodiversidad.

«El autismo hace que percibamos el mundo de una manera distinta». Esa es una de sus frases virales más recientes y con las que busca influir «para hacer una sociedad más amigable».

Ian va al punto. Y quiere cambiar algunas palabras. Como Trastorno de Déficit de Atención (TDA): «Decimos déficit, diciendo que es menor la persona. Y trastorno, diciendo que es trastornada«. Propone: Condición de Desafíos en la Atención.

Con 248.000 seguidores, así como explica que «cada autista es diferente», cuenta que el movimiento es un recurso que a muchos les sirve para autorregularse. Por eso, hay objetos que no son juguetes sino herramientas para canalizar la ansiedad. «Son como lentes para un chico que tiene problemas con la vista». Él gira con ambas manos un pequeño «anillo sin fin».

Con reglas (efectivas o no), entonces, existe una niñez entre algoritmos. Algunas veces, más inclusiva que en la (¿vieja?) televisión.

Joaquín Nahuel Núñez tiene 12 años y se hizo conocido por ser «el pastelerito que conquistó a Wanda Nara» desde TikTok. Empezó a los 6 y tiene más de 600.000 seguidores también sumando Instagram. Es un mini influencer del arte de decorar «mini tortas».

Joaquín Nahuel Núñez, el pequeño pastelero que tiene 600.999 seguidores en TikTok.

Joaquín Nahuel Núñez, el pequeño pastelero que tiene 600.999 seguidores en TikTok.

En sus videos mostró cómo iba progresando en su habilidad, en el contexto de una infancia en General Rodríguez y lejos de cualquier cocina que se considere «instagrameable». La suya está en construcción y, con ladrillo a la vista, desde ahí planea tener su propio programa de cocina por YouTube.

Desde Google Argentina explican a Clarín que «YouTube es para mayores de 13 años, mientras que YouTube Kids es la herramienta con controles parentales para que los más chicos puedan explorar contenidos especialmente creados para ellos».

No está desagregado cuántos son los usuarios sub 13 en Argentina, pero dicen que, entre 100 países analizados, hay 35 millones de usuarios de la versión Kids. Los padres, madres y tutores son quienes pueden subir el contenido, especificar que es «creado para niños» y dar lugar a que niños y niñas estén en él.

Priscila Dalesio, de Mendoza, hoy tiene 17 pero ya a los 14 «casi 15» -antes de la edad «legalmente» apta para esa red- hacía entrevistas y vivos por Instagram a artistas y personalidades de su provincia y del país.

Empezó en pandemia, como muchos niños, niñas y adolescentes que se apoyaron en las redes sociales durante la cuarentena extensa. En poco tiempo llegó a tener casi 7.000 seguidores. Su ciclo se llama «El futuro de las entrevistas».

«Pri» ya pasó la edad de la niñez y da un mensaje para quienes, mucho más jóvenes que ella, les gusta hablarle a la camarita.

«Cuando empecé el desafío era no saber con quién me iba a encontrar del otro lado. Otro desafío era mejorar mi vocabulario, para poder llegar a las otras personas lo más profesional posible», dice a Clarín

Es que sí, el público en las redes es muy variado y no necesariamente los creadores de contenido kids tienen un público kid. «En mío siempre tuvo 15 o 40, 50 años», cuenta.

Desde Mendoza. Priscila Dalesio tiene 17 años y empezó a generar contenido a los 14.

Desde Mendoza. Priscila Dalesio tiene 17 años y empezó a generar contenido a los 14.

Aconseja diversificar la oferta de ese contenido -ella sube el detrás de cámara de las entrevistas, sus trabajos en comedia musical o el típico topic de influencer, «un día conmigo»- y no enloquecer con «querer algo así o así«, porque «hay veces que no sale y uno se siente mal».

La que no se siente mal, también diversifica y tiene público «mayor», es Emma Jerez Leonardis, quizá la profe de chino mandarín más joven de Instagram. Es de Ezpeleta y empezó a aprender a los cuatro, con libros de su papá. Tiene 10 y a los 8 «recién cumplidos» ya estaba enseñando en su cuenta, @nihao.emma y se autodefinía como «bookstagrammer» (de books, libros en inglés).

Es una «mini influencer» de ese idioma. Tiene casi 25.000 seguidores y no le gusta Tik Tok, aunque todos le recomiendan sumarse.

«Mi principal desafío fue mi exposición y, después, los haters. No las críticas en sí, porque algunas me hacen mejorar. Pero mis padres me avisaron que va a haber mucha gente haciendo hate, así que ya no me afecta», cuenta a Clarín.

Su público tiene hasta 45 años. «Algunos ven que soy una niña y me dicen que me vaya a estudiar, que disfrute de mi niñez. Eso se llama adultocentrismo. Yo la re disfruto. Tengo muchos amigos, juego al fútbol, a la compu, estudio tres idiomas y me va excelente en la escuela», marca Emma.

Emma Jerez Leonardis es de Ezpeleta y da clases de chino en Instagram. Foto Luciano Thieberger

Emma Jerez Leonardis es de Ezpeleta y da clases de chino en Instagram. Foto Luciano Thieberger

¿Cómo explica la profe el significado de adultocentrismo? «Adultos que piensan que no podemos tener nuestra propia opinión». También desea, en chino, un feliz Día de la Niñez: 儿童节快乐.

Las pantallas y los límites

En este «juego» de identificaciones que viven niños y niñas en las redes sociales, ¿qué pasa particularmente cuando siguen, como referentes, o por simple interés, a creadores de contenido de sus mismas edades? ¿Qué se «juega» ahí?

Maritchu Seitún, psicóloga especializada en orientación en la crianza, dice a Clarín que depende del contenido, en cuanto a referentes. 

«Es de alto riesgo si son chicos que probablemente no tengan madurez, criterio, pensamiento crítico y su virtud sea ser famosos, tener muchos seguidores. Incluso para lograr ese objetivo violan reglas morales, se adelantan a su edad en intereses, ropa, actitudes», apunta.

Acá vuelve la importancia de la presencia de las personas adultas en la crianza. Que tiene más efecto que cualquier influencia en las redes. Caso contrario, dice, «parte importante de la formación de nuestros hijos queda en manos de esos chicos, en lugar de adultos bien formados elegidos por nosotros para acompañarlos».

Silvina Pedrouzo es pediatra y escribió la guía de recomendaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) para el uso de pantallas.

«En menores de 2 años se desaconseja el uso de tecnología porque presentan dificultades para comprender lo que sucede en la virtualidad. Sólo video chat con familiares», actualiza para Clarín. Entre los 2 y los 5 años, «exposición no más de 1 hora, a contenidos educativos en compañía de un adulto, para la selección e interpretación conjunta de contenidos».

Entre los 5 y los 12 años, el tiempo máximo de uso de pantallas con fines de entretenimiento recomendado se extiende a una hora y media, preferentemente con compañía adulta.

Todo, sabe, es difícil de cumplir. «Es habitual que en esta etapa dispongan de dispositivos propios, para la interacción social, el entretenimiento en los mas chicos (la tablet) y para realizar actividades escolares. Pero se deben priorizar los contenidos de calidad frente al tiempo de uso», marca.

AS

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