viernes, 19 julio, 2024

El juego de los parecidos entre «Nada» y «El encargado» y el pacto entre Francella y Brandoni

En caso de existir el parentesco entre ficciones, podrían ser primas hermanas, vínculo que afectivamente debería superar al de spin-off (serie derivada de otra), al de secuela o de precuela. A Nada y a El encargado las une más que una correspondencia de guión. Las une un equipo creativo, algunos guiños y un pacto entre caballeros.

Más allá de los hechos objetivos, subjetivamente comparten un alto nivel artístico. Tranquilamente, para quien escribe esto -y para muchos otros, de acuerdo al boca a boca de la primera semana de Nada– son de las mejores producciones argentinas de los últimos años.

Como primeras baldosas de un largo camino de coincidencias se ubican la plataforma de lanzamiento de las dos, Star+: desde el año pasado, allí están los 11 episodios de El encargado, la comedia dramática encabezada por Guillermo Francella en el rol de Eliseo, un portero de edificio que debe recurrir a sus zonas más oscuras para defenderse de un consorcio que lo echa y olvida viejas fidelidades.

Y, desde la semana pasada, en el catálogo de Star+ también están los cinco capítulo de Nada, una joyita que permite ver el talento de Luis Brandoni en la piel de un crítico gastronómico y pedante, que en un puñado de episodios, logrará desempolvar su humanidad. La yapa de esta producción está en la participación de Robert De Niro, con relatos en cada entrega y con unas cuantas escenas rodadas en su Buenos Aires querida compiladas en el episodio final.

Francella y Brandoni, en tiempos de Francella y Brandoni, en tiempos de «Mi obra maestra», en el Festival de Venecia.Las dos fueron pergeñadas y dirigidas por esa dupla creativa que conforman desde hace años Mariano Cohn y Gastón Duprat (fue la pareja realizadora, también, de películas como El hombre de al lado, El ciudadano ilustre y Competencia oficial).

Y también fueron los responsables de los guiones de las dos series, junto a Emanuel Diez.

En Mi obra maestra, una gran película argentina de 2018, Cohn y Duprat volvieron a armar equipo, pero no compartieron la dirección: Duprat fue el realizador y Cohn produjo. Y en pantalla se sacaron chispas el Beto Brandoni y Francella. Cuenta la leyenda que en una cena de los cuatro, los actores hicieron un pacto.

Francella es Tito, el tipo que intenta comprar y despreciar al mismo tiempo el auto de Manuel (Brandoni).Francella es Tito, el tipo que intenta comprar y despreciar al mismo tiempo el auto de Manuel (Brandoni).

Pacto de caballeros

Entre brindis y cruce de piropos, se prometieron que cuando uno de los dos protagonizara una serie, el otro haría una participación. Claro que más allá del deseo de las partes, habría que ver si eso podría mantenerse en el tiempo y aceptado por los directores que les tocaran en suerte.

Pues bien, a cuatro años de aquello, se pudo: a Eliseo, el encargado de El encargado, se lo vio hablar de a ratitos con su amigo el Polaco (Brandoni), un indigente con quien mantenía diálogos deliciosos. Primera parte cumplida de la promesa, segundo semestre del 2022.

Eliseo (Francella) mantiene reflexivas charlas con el Polaco en Eliseo (Francella) mantiene reflexivas charlas con el Polaco en «En encargado».Poco más de un año después, a Manuel Tamayo Prats, el crítico gastronómico que compone Brandoni en Nada, se lo ve tratando de venderle su auto a un comprador chanta (Francella) que, con su labia, intenta bajarle el precio. Y, lo que es peor, el valor. Con solo unos minutos se impone la química que existe entre los actores que ya han compartido pantalla en El hombre de tu vida y Durmiendo con mi jefe.

Nombres repetidos

Pero además de esas perlitas, las dos series cuentan en sus filas con nombres que se repiten: en El encargado, Gastón Cocchiarale es Miguel, el ayudante de Eliseo, y en Nada compone al responsable de la editorial que le exige a Manuel entregar el libro que adeuda.

También hacen doblete los actores Daniel Miglioranza y Manuel Vicente, que en Nada cancherea ante los ojos de De Niro cómo cortar una tierna carne argentina con una cuchara.

Seguramente se esconden más coincidencias entre un relato y otro, pero lo que más las emparenta es el riesgo de contar historias diferentes, de la mano de dos tipos que no necesitaron darse la mano para cumplir un pacto. Sólo la palabra y el disfrute -propio y ajeno, gracias- permitieron verlos juntos, una vez más, más allá del cartel y los egos.

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