jueves, 28 agosto, 2025

50 años del Operativo Gardel: la operación militar de Montoneros que sacudió al Ejército en Tucumán

Eran las 13:00 horas del jueves 28 de agosto de 1975. Si bien en Tucumán, cuna de la independencia argentina, era invierno, la temperatura era de 20° y el viento soplaba a 5 kilómetros por hora. Como si la calma del día intentara disfrazar lo que estaba por suceder.

En los alrededores del Aeropuerto Internacional Teniente Benjamín Matienzo, con sus hangares gastados y el olor a combustible flotando en el aire, dos hombres disfrazados de obreros iban y venían, disimuladamente. Observaban todo con rigurosa discreción. Eran miembros del comando “Marcos Osatinsky”, de Montoneros.

Muy cerca de ellos, un grupo de 114 gendarmes se preparaba, sin saberlo, para sufrir uno de los golpes más calculados de la historia guerrillera argentina.

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Última imagen de los gendarmes abordando el Hércules TC-62 que sería derribado por Montoneros

El día que Perón echó a los montoneros por «infiltrados»

Más temprano, a las 09:00 de la mañana, un Lockheed C-130H Hércules TC-62 había despegado de la base de El Palomar, en la provincia de Buenos Aires. A bordo iban 85 miembros de la Policía Federal. El destino era San Miguel de Tucumán.

El viaje se desarrolló con la rutina tensa de quienes transportan pertrechos y armas en un país políticamente convulsionado. Sin mayores sobresaltos, a las 11:56 aterrizaron en la capital tucumana.

Allí, bajaron los federales y los 114 miembros de Gendarmería Nacional abordaron la aeronave con rumbo a San Juan. El marco era el “Operativo Independencia”, una estrategia militar impulsada en febrero de 1975 por el gobierno de María Isabel Martínez de Perón, que buscaba contener a la guerrilla argentina.

Cuando los soldados formoseños vencieron a los montoneros

En paralelo, bajo la superficie de la pista y la tranquilidad aparente del lugar, otros integrantes del comando montonero (se desconoce cuántos), ultimaban detalles de lo que ellos llamarían “Operación Gardel”. El nombre había surgido por la similitud con el accidente aéreo en Medellín, en el que murió la estrella mundial del tango y el cine, Carlos Gardel.

No se sabe con exactitud cuántos combatientes participaron, pero distintas fuentes hablan de entre 20 y 30, divididos entre operativos y logística. Entre marzo y junio de ese año, habían convertido un desagüe pluvial en el corazón de su plan: un túnel subterráneo donde una carga explosiva en forma de cono esperaba el momento exacto para detonarse. Diez kilos de TNT en la punta, sesenta de diametón en el centro y noventa de amonita completaban la composición letal del artefacto: en total, 160 kilos de explosivo.

Un cable de 250 metros conectaba la carga con la batería de un vehículo con la inscripción de la empresa estatal Agua y Energía que estaba estacionado a la distancia, listo para ser accionado desde un foso cercano. Montoneros tenía infiltrado el aeropuerto desde hacía meses.

Diciembre de 1975: el declive final de las guerrillas en la Argentina

Toda la operación se había planeado con precisión quirúrgica. Una rama de un viejo árbol servía como referencia para calcular la trayectoria del avión. Varias pruebas habían fallado por problemas de coordinación, pero aquel día todo debía salir perfecto.

Los dos combatientes que circulaban discretamente por el aeropuerto, los infiltrados disfrazados de obreros, se movían con sigilo entre la pista y las estructuras adyacentes. Su tarea era revisar que la conexión eléctrica y el pulsador estuvieran listos. La tensión, como en toda operación militar, era máxima. La amenaza, para ambos bandos, era inminente.

Mientras tanto, en la cabina del Hércules, el vicecomodoro Héctor Cocito y su tripulación iniciaban los preparativos finales para iniciar el vuelo a San Juan con los gendarmes a bordo. Hicieron los controles previos, ajustaron los instrumentos y comenzaron la carrera de despegue. La velocidad subía, las turbinas rugían. Pero la pista, aparentemente inmutable, guardaba un secreto mortal bajo sus losas de concreto.

Daniela Slipak: “En Montoneros hubo desacuerdos sobre cómo articular la política con la violencia”

La ejecución del “Operativo Gardel” por parte de Montoneros

A las 13:05, el avión alcanzó los 200 km/h. Entonces, sucedió la explosión. “Hicimos los controles previos, iniciamos la carrera de despegue, alcanzamos la velocidad de decisión, rotamos el avión y ya en el aire, vemos delante de nosotros cómo se elevaban las placas de concreto de la pista”, relataría Cocito años más tarde.

La tierra y el cemento se levantaron como un hongo negro, y arrastraron consigo parte de los motores y la estructura de la aeronave. El Hércules, incendiado parcialmente, se inclinó hacia la derecha y cayó de nuevo sobre la pista, arrastrándose unos 400 metros mientras humo y fuego llenaban el compartimiento de los pasajeros y la carga.

El caos fue abrumador. Algunos gendarmes escapaban por un boquete abierto en el compartimento de carga, mientras otros eran consumidos por las llamas. El gendarme Raúl Cuello, que había salido ileso, entró y salió varias veces del avión, y logró salvar a varios compañeros. En su última entrada a la aeronave quedó atrapado por el fuego. Según la autopsia posterior, murió asfixiado por el humo.

Gendarmes rescatan a un herido tras la acción de Montoneros conocida como «Operación Gardel»

Católicos en los Comandos Civiles y en Montoneros

En total, ese día seis gendarmes perdieron la vida y 23 resultaron heridos de gravedad. La precisión y la planificación de Montoneros se evidenciaban en cada fragmento de concreto volado y en cada turbina desprendida.

Los preparativos de la “Operación Gardel” de Montoneros

El planeamiento y el diseño de la “Operación Gardel” se dieron entre los meses de marzo y junio de 1975. Se realizaron múltiples reuniones clandestinas en casas de Tucumán y Buenos Aires. Se armaron radios y señales cifradas. Mapas desplegados sobre mesas fueron examinados rigurosamente, mientras centenares de cigarrillos eran consumidos, en un intento de apaciguar la tensión..

La edición de septiembre de 1975 del órgano de propaganda de la organización, “Evita Montonera”, describiría el golpe como «un ataque a las fuerzas de ocupación gorilas”. En esas páginas Montoneros celebraría la “obra de ingeniería militar” que había ejecutado.

Diseño de la bomba fabricada por Montoneros para derribar el avión del Ejército en Tucumán – Revista «Evita Montonera»

El contexto político y social en Argentina era de máxima agitación. Desde hacía una década, el país se encontraba en un conflicto político-militar que se incrementaba día a día. Los enfrentamientos entre organizaciones armadas, fuerzas de seguridad y grupos parapoliciales como la Triple A eran diarios.

La Contraofensiva de Montoneros es un gran tabú de los años setenta

Tucumán se había convertido desde hacía algunos años en el epicentro del intento de guerrilla rural de las dos principales fuerzas guerrilleras del país (PRT-ERP y Montoneros). En su territorio, cada figura podía ser tanto un santo como un pecador. La vida cotidiana se mezclaba con el rumor constante de conspiraciones y operaciones clandestinas.

La “Operación Gardel” de Montoneros demostró la capacidad operativa de la organización

De vuelta en la pista, el humo y el olor a combustible quemado persistían mientras los equipos de emergencia llegaban a contrarreloj. Entre los restos de metal retorcido y cenizas, los sobrevivientes oscilaban entre la confusión y el miedo.

“Teniendo en cuenta lo crítico del momento, sólo pudimos inclinar la aeronave hacia la izquierda. Sentimos entonces un fuerte golpe al costado derecho del avión, se le desprendieron los motores 3 y 4, y caímos a un costado de la pista”, recordaría Cocito. Puertas trabadas, escotillas abiertas, fuego por doquier: la escena parecía extraída de una película de guerra.

Caption

Ese 28 de agosto de 1975, Montoneros demostró que su capacidad operativa había alcanzado niveles hasta entonces insospechados, y que las Fuerzas Armadas, acostumbradas a la superioridad técnica, podían ser vulnerables en un territorio que creían seguro.

El secuestro de Aramburu y la aparición de Montoneros

La acción tuvo una consecuencia inmediata. A partir de la “Operación Gardel”, el Ejército marcaría un cambio en la estrategia de confrontación: sus esfuerzos, que hasta entonces se habían concentrado en combatir sólo al ERP en Tucumán, comenzarían a incluir acciones también contra Montoneros.

Al caer la tarde, mientras el viento disminuía y la ciudad intentaba bajar el estrés y la ansiedad, los restos del TC-62 seguían humeando en la pista. La explosión había dejado una huella imborrable en Tucumán. La dinámica de las organizaciones armadas y del Ejército Argentino nunca volvería a ser la misma.

Fuentes:
Archivo General Militar Nacional (AGE)

“Montoneros: Soldados de Perón” – Richard Gillespie
“La Voluntad” (Tomo 1-4) – Eduardo Anguita y Martín Caparrós.
“Diario de un clandestino” – Rodolfo Galimberti

NG/fl

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