Un cruce mínimo en el espacio reabrió alertas sobre congestión, control internacional y riesgos crecientes en misiones comerciales.
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Casi se produjo un accidente en el espacio.
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Un episodio ocurrido a cientos de kilómetros de la superficie terrestre volvió a encender alarmas en la comunidad espacial. Un satélite chino y un equipo de la red Starlink pasaron a apenas 200 metros de distancia, una separación ínfima en términos orbitales que obligó a tomar decisiones rápidas.
El evento no terminó en colisión, pero sí dejó consecuencias. SpaceX resolvió ajustar la altitud de miles de sus satélites, una medida que apunta a reducir riesgos futuros en un entorno cada vez más poblado. En órbita baja, donde operan la mayoría de estas constelaciones, el margen de error es chico y el tránsito ya no es lo que era hace una década.
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El caso también expone un problema más amplio, que es la coordinación entre actores estatales y privados. Con reglas que todavía generan debate y sistemas de aviso que no siempre dialogan entre sí, cada maniobra se convierte en una especie de ajedrez a gran velocidad.
El incidente: 200 metros que cambiaron la estrategia de SpaceX
Según la información conocida, el satélite chino se desplazaba en una trayectoria que, por una combinación de cálculos y movimientos previos, terminó acercándose peligrosamente a un dispositivo Starlink. La distancia mínima registrada fue de unos 200 metros, un número que, en el vacío del espacio, equivale a rozarse.
Desde SpaceX se activaron protocolos de evasión y seguimiento, aunque el margen temporal fue limitado. Este tipo de encuentros no siempre permite maniobras inmediatas, ya que cualquier corrección implica gasto de combustible y alteraciones en la vida útil del satélite.
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Especialistas señalan que el problema no es un caso aislado. A mayor cantidad de objetos en órbita baja, aumentan las probabilidades de cruces inesperados. Y aunque existen sistemas de monitoreo, no todos los países comparten datos con el mismo nivel de detalle, lo que suma zonas grises en la gestión del tráfico espacial.
La situación deja claro que la tecnología avanza más rápido que los acuerdos internacionales. Hoy conviven satélites científicos, militares y comerciales en un mismo “carril”, con lógicas distintas y responsabilidades que no siempre están bien delimitadas.
Seguridad en el espacio: por qué SpaceX bajará la altitud de 4.400 satélites
Tras el incidente, SpaceX anunció que reducirá la altitud operativa de alrededor de 4.400 satélites Starlink. La decisión apunta a disminuir el riesgo de encuentros cercanos y, en caso de fallas, facilitar la desorbitación controlada de los equipos.
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Bajar la órbita implica que los satélites estén más expuestos a la atmósfera terrestre, lo que acelera su reingreso si quedan fuera de control. Es una forma de limitar la basura espacial, uno de los grandes dolores de cabeza actuales. Sin embargo, algunos expertos advierten que concentrar aún más satélites en capas inferiores podría generar otros cuellos de botella. El equilibrio entre cobertura global, seguridad y sustentabilidad sigue siendo un tema abierto y complejo.
