domingo, 15 febrero, 2026

Con qué necesidad?

¿Quién alguna vez no probó el Magiclick contra el propio cuerpo? La pregunta parece rara porque ese viejo y querido adminículo que condenaron a muerte las cocinas a inducción y de vitrocerámica no fue pensado como insumo para masoquistas. Nadie dice que lo sea el ministro de Seguridad cordobés, Juan Pablo Quinteros, pero ¿qué necesidad tenía de probar en su humanidad el guante eléctrico con el que la policía espera disuadir a los delincuentes? “Son como 10.000 Magiclicks al mismo tiempo”, dijo. Y sí, Juampi.

Es innegable que lo trataron como nunca se trataría a un sospechoso de cometer un crimen: lo arremangaron, le avisaron que se acercaba el guante y, tras recibir la descarga, lo sostuvieron con la delicadeza del beso con que el príncipe despertó a la bella durmiente en el cuento infantil. Faltó el “sana, sana” y darle caramelos como cuando nos llevaban a vacunar contra nuestra voluntad.

Otros pichones de valientes fueron hace pocos días el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz; el vicegobernador y otros funcionarios al someterse a una rinoscopía en público. Obviamente que estaban limpitos como conductor designado en la noche de Navidad. Así no tiene gracia.

Para ser bien valiente hay otros modos de demostrarlo. Por ejemplo, subirse al tren Roca, en hora pico, un día de verano con 39 grados de térmica. A que no se animan. Va otra: ser jubilado y llegar a fin de mes con la mínima, incluido el bono.

Valientes son los que hacen cola de madrugada para sacar un turno en un hospital público para que les digan que se agotaron después de varias horas de espera. ¿Y los que se bancan los constantes cortes de luz de la amiga Edesur que ahora emite comunicados avisando de los golpes de calor y qué medidas tomar cuando la heladera se declaró muerta y el agua dejó de bajar del tanque porque ya no puede subir? Hay que ser corajudo para no salirse de las casillas.

Valiente es pararse de madrugada en una esquina del AMBA esperando que pase algún colectivo o frenar ante el semáforo en cualquier cruce de la avenida 9 de Julio, con las ventanillas bajas y el celular a la vista. O haber llenado la alacena de OFF a 7000 pesos el año pasado cuando ahora casi que los regalan a falta de mosquitos.

Valeroso es el que le entrega los ahorros a Cositorto para que se los invierta o el que le compra un auto usado a Massa, como en 2023 dijo que nunca haría el presidente de Paraguay, Santiago Peña.

Audaz es el que pone al Chiqui Tapia a manejar los fondos de un consorcio de edificio de departamentos o el que manda a los chicos a una escuela donde enseñe Baradel, si es que alguna vez enseñó.

Serían muy valientes los ministros si todos los días fueran a almorzar a comedores comunitarios donde a la carne la ven en fotos.

Qué bárbara la necesidad de mostrarse valiente frente a una platea, del mismo modo del que se vanagloria de su honestidad, de su ética y de su moral. Para esos casos, Carlos Menem tenía una frase insuperable: “Cuando alguien va a la casa de uno y entra a hablar de honestidad y entra a hablar de moral y de ética, cuando se va hay que contar los cubiertos».

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