La producción de leche en Argentina experimentó un crecimiento notable durante el segundo semestre del año pasado, generando un volumen que superó la capacidad de absorción del mercado local. Según el análisis del sector, este incremento llevó a una acumulación de stocks en las plantas elaboradoras, ya que la demanda interna no acompañó el ritmo de la oferta.
Un mercado interno que no despega
El principal desafío que identifica la industria es la debilidad del consumo doméstico. «El mercado interno no está en los niveles que querríamos que esté», afirmó Pablo Villano, presidente de la Asociación de PyMEs Lácteas, en declaraciones a Canal E. El ejecutivo vinculó esta situación directamente con la limitación del poder adquisitivo de los consumidores, lo que mantiene el consumo per cápita en aproximadamente 185 litros por año, una cifra considerada baja para el sector.
El auge de las segundas marcas y nuevos canales de venta
Como consecuencia de este contexto económico, las llamadas segundas marcas han ganado un terreno considerable. Villano aclaró que este fenómeno no responde a una diferencia en la calidad del producto, sino a una estrategia de comercialización con menor inversión en marketing. «Los quesos de las PyMEs son de excelente calidad, pero el tema es que tienen menos propaganda», explicó.
Paralelamente, se observa una transformación en los puntos de venta preferidos por la población. Ha disminuido la compra en supermercados e hipermercados, con una migración hacia los mayoristas y los mercados de cercanía, buscando precios más accesibles.
Las exportaciones crecen, pero no alcanzan
Frente a un consumo interno estancado, el comercio exterior se presenta como una válvula de escape fundamental. Históricamente, las exportaciones lácteas representaban alrededor del 20% de la producción total, pero el año pasado ese porcentaje escaló hasta el 27%, marcando un crecimiento significativo.
No obstante, este aumento en los envíos al exterior no fue suficiente para compensar por completo el excedente generado por la alta producción. «La exportación, si bien fue mayor que otros años, tampoco alcanzó para sacar todos los stocks de encima», reconoció Villano. La situación comenzó a equilibrarse recién a principios de este año, cuando factores estacionales condujeron a una normalización en los niveles de producción lechera.
