El pasado 4 de marzo, el Palacio de las Dueñas, la residencia sevillana predilecta de Cayetana Fitz-James Stuart, abrió sus puertas a una exposición conmemorativa. «Cayetana. Grande de España» marca el centenario del nacimiento de la decimoctava duquesa de Alba, fallecida en 2014. El acto de inauguración contó con la presencia del monarca español, Felipe VI, recibido por el actual duque, Carlos Martínez de Irujo, y varios de sus hermanos.
Una nobleza singular
Poseedora de uno de los mayorazgos más extensos del mundo, con decenas de títulos nobiliarios, Cayetana de Alba supo combinar la solemnidad de su linaje con una vida pública desenfadada y cercana. Lejos de recluirse en la etiqueta palaciega, fue una figura popular, conocida por su vitalidad, su afición al flamenco y su carácter festivo, que mantuvo incluso en sus últimos años.
Las herederas del legado
La tarea de custodiar y proyectar la memoria de la duquesa recae hoy, en gran medida, en las mujeres de la familia. Su hija menor, Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, ha sido la comisaria de la exposición homenaje. «Ella fue pionera y asumió un papel relevante con un compromiso sincero en la cultura, el arte y la moda», afirma sobre su madre.
Eugenia: el puente generacional
Eugenia, de 57 años, se ha erigido como un nexo entre el pasado de la Casa de Alba y su futuro. Tras un meticuloso trabajo de investigación junto a especialistas, logró dar forma a la muestra que recorre la vida de Cayetana. Su propio estilo de vida, alejado de los convencionalismos aristocráticos, refleja el espíritu independiente que heredó. Ha desarrollado una carrera como diseñadora y su vida personal ha sido seguida con interés por la prensa.
Tana: la nueva generación
El relevo continúa con Cayetana Martínez de Irujo, conocida como Tana, la única hija de Eugenia y nieta de la duquesa. Con 26 años, ha forjado su propio camino profesional en el mundo de la hostelería y la moda, con su marca personal E.R.A.X. A pesar de su independencia, asume con naturalidad su vínculo con el legado familiar. Durante la inauguración real en Las Dueñas, ejerció como anfitriona y parte de las piezas exhibidas, como una emblemática diadema imperial, forman parte de su herencia personal.
Un patrimonio vivo
La exposición en Sevilla no es solo un repaso histórico, sino la prueba de un patrimonio que se mantiene activo. A través de pinturas, vestidos, cartas y objetos personales, se revela la personalidad de una mujer que supo administrar y engrandecer el patrimonio de su casa, sin dejar de lado su autenticidad. Cien años después de su nacimiento, el recuerdo de la duquesa de Alba perdura, impulsado por el trabajo de sus herederas para mantener vivo su singular legado cultural y familiar.
