En octubre de 1973, el asesinato de una niña de 11 años en Corrientes Capital, sumado a una serie de ataques previos, generó una amplia repercusión pública y mediática que culminó con la condena de un único sospechoso.
El 20 de octubre de 1973, en la siesta, el cuerpo sin vida de Ramona Lobato, una niña de once años, fue hallado en la terraza de un edificio del barrio Aldana, en Corrientes Capital. La víctima presentaba signos de violencia sexual y una herida de arma de fuego. Este hecho se enmarcó en una serie de agresiones y otros dos homicidios de mujeres registrados ese mismo año en la ciudad, lo que generó una creciente alarma social.
Las investigaciones policiales y la cobertura periodística pronto centraron las sospechas en un único individuo, denominado por la prensa como «El Sátiro Correntino». A los pocos días fue detenido un sospechoso, identificado luego como Carlos Horacio Di Mantova, en ese entonces estudiante del profesorado de Educación Física.
El diario Crónica, de alcance nacional, documentó el desarrollo del caso. Según sus publicaciones, las pruebas en su contra incluían la posesión de una llave que coincidía con la de la terraza del crimen, un resultado positivo en una prueba de parafina y, posteriormente, el reconocimiento por parte de varias sobrevivientes de ataques y rastros de sangre en su ropa.
El proceso judicial avanzó con gran expectativa pública. Tras una audiencia a finales de noviembre, el 4 de diciembre de 1973 la Cámara de Apelaciones en lo Criminal confirmó el auto de procesamiento y la prisión preventiva para Di Mantova, acusado formalmente del homicidio y vejámenes de Ramona Lobato. Su abogado defensor mantuvo en todo momento la inocencia de su representado.
Con esta sentencia, para gran parte de la opinión pública de la época se dio por concluido el caso del «Sátiro Correntino», y los ataques cesaron. No obstante, a lo largo del tiempo han persistido dudas y debates sobre si el hombre condenado fue el verdadero responsable de todos los crímenes atribuidos a aquella figura.
