En el marco de la 40ª Peregrinación de los Trabajadores hacia el santuario de San Cayetano en Riachuelo, el vicario general de la Arquidiócesis de Corrientes, padre Daniel Masares, centró su mensaje en tres pedidos: paz, pan y trabajo.
Hace una semana se realizó la 40ª Peregrinación de los Trabajadores hacia el santuario de San Cayetano, en la localidad de Riachuelo, Corrientes. Centenares de peregrinos participaron del evento religioso, en el que presentaron agradecimientos por quienes tienen empleo y súplicas por quienes lo buscan o lo perdieron. También se mencionó la situación de miles de familias que, aun teniendo trabajo, no logran cubrir con su salario necesidades básicas como alimentación saludable, medicamentos o alquiler.
Durante la homilía, el padre Daniel Masares, vicario general de la Arquidiócesis de Corrientes, expresó tres pedidos centrales: paz, pan y trabajo. Según informó FM Radio San Cayetano 102.5 Mhz, el sacerdote invitó a confiar en la intercesión de San Cayetano y a «mantener siempre la mirada puesta en Jesús».
En primer lugar, pidió por la paz, señalando que «cuando no hay paz en nuestro corazón, en nuestra familia o en nuestro ambiente cotidiano, las cosas cuestan, cuestan el doble. Todo se nos hace pesado. Hasta las cosas más sencillas terminan como cansándonos y hartándonos. Y así no se puede vivir». Aclaró que esto no implica ausencia de problemas, sino «la capacidad de mirar esas dificultades con esperanza, porque sabemos que no estamos solos».
Luego, sobre el pan, dijo que «la serenidad que necesitamos para llevar una vida digna supone tener el pan», pero precisó que «no se trata únicamente del pan material que buscamos y necesitamos. También necesitamos otros panes: el pan del afecto, especialmente de las personas que queremos; necesitamos relaciones sanas y armónicas, vínculos más fraternos y el pan de la verdad, de la justicia, de la solidaridad».
El sacerdote expresó el deseo «de que aquello que somos capaces de vivir en un momento excepcional, en un día de fiesta como éste, podamos después llevarlo a nuestra vida cotidiana». Y agregó: «¡Cuántas cosas bellas y buenas se logran cuando nosotros somos capaces de unirnos, de trabajar por un bien común!».
Finalmente, en relación al trabajo, instó a darle un sentido cristiano y recordó que el Hijo de Dios se dignificó con el trabajo. «El trabajador merece su salario. Y que ese salario sea para poder prosperar y vivir con la dignidad que cada uno de nosotros espera», sostuvo. De manera especial, encomendó el dolor de quienes no tienen empleo y recordó la expresión: «No es posible morirse de hambre en la Patria bendita del pan».
