Entre el 1 y 2 de septiembre, la Diócesis de Goya llevó a cabo la Misión de la Reconciliación en Curuzú Cuatiá, con recorridas por barrios, visitas a enfermos y presos, y celebraciones religiosas.
Sacerdotes y diáconos de la Diócesis de Goya, encabezados por el obispo monseñor Adolfo Ramón Canecín, realizaron los días martes 1 y miércoles 2 de septiembre la Misión de la Reconciliación en Curuzú Cuatiá. La actividad comenzó con una misa en la parroquia San Juan Bosco, a cargo de los sacerdotes salesianos, y finalizó en la parroquia Nuestra Señora del Pilar con una misa concelebrada.
Durante la misión, los ministros recorrieron distintos barrios, especialmente los más alejados del centro urbano, y visitaron a enfermos, ancianos y personas privadas de la libertad. Administraron el Sacramento de la Reconciliación, llevaron la Eucaristía y celebraron la Unción de los Enfermos. Monseñor Canecín visitó a los internos de la Comisaría, acompañado por el sacerdote Miguel Galeano.
El obispo destacó la “hermosa experiencia de ‘koinonía’, es decir de comunión y de ser miembros de un mismo Cuerpo”, y señaló que el sacerdocio y el diaconado permiten experimentar que cada uno está llamado a hacerse presente en las distintas realidades de la comunidad. Invitó a escuchar al Espíritu Santo no solo en la Palabra y la oración, sino también en la realidad concreta, especialmente donde aparecen “enormes desafíos que a veces nos superan”.
En la segunda jornada, los sacerdotes se congregaron en una de las comunidades parroquiales para centralizar la celebración del Sacramento de la Reconciliación y ofrecer un espacio amplio de confesiones.
Monseñor Canecín vinculó la misión con el comienzo del Mes de la Biblia y la primavera, y propuso a las familias entronizar la Sagrada Escritura en sus casas: “Pongan la Biblia abierta, pongan una flor y enciendan una vela”, y animó a leerla diariamente. Recordó que “quien conoce la Biblia, conoce a Jesucristo” y exhortó a que la vida cristiana sea “una eterna primavera”. También instó a asumir una actitud responsable frente al cuidado de la “Casa común”, en referencia a la encíclica Laudato si’.
Ante los pronósticos del fenómeno meteorológico El Niño, pidió actuar con previsión, responsabilidad y corresponsabilidad, promoviendo el compromiso de las autoridades y de la sociedad.
Finalmente, sintetizó el sentido de la misión con una invitación a la reconciliación en cuatro direcciones: con la Creación, con uno mismo, con todos los seres humanos y con Dios. “Quiera Dios regalarnos la gracia de la reconciliación, para que venga la armonía, la paz que tanto anhela el corazón humano”, concluyó.
