La empresa de medición de audiencias digitales Comscore inició el cierre de sus operaciones en Latinoamérica y España como parte de un plan de ajuste global. La medida genera incertidumbre entre los medios de la región, que dependían de sus rankings para validar audiencias.
La empresa Comscore, dedicada a la medición de audiencias digitales, comenzó el desmantelamiento de sus operaciones en Latinoamérica y España. La decisión se enmarca en un plan de ajuste global anunciado a comienzos de agosto, que incluye la reducción de personal y una racionalización de su presencia comercial internacional.
A pesar del repliegue operativo en la región, la firma estadounidense aseguró que continuará ofreciendo sus servicios a los clientes latinoamericanos. No obstante, la reducción de la estructura local provocó una reacción en cadena entre los principales medios, varios de los cuales dejaron de utilizar la medición de la plataforma.
El impacto del repliegue resultó especialmente severo en España. Un mes antes del anuncio del ajuste, la entidad AIMC había elegido a Comscore como medidor recomendado de audiencias digitales a partir de 2027, acuerdo cuyo futuro quedó incierto.
Las cifras del balance corporativo explican la urgencia de los recortes. Durante el segundo trimestre de 2026, los ingresos de Comscore cayeron 11,3% interanual, mientras que su beneficio bruto pasó de 8,9 millones de dólares a 1,3 millones. Con la reestructuración de su plantilla y la retirada de mercados internacionales, la dirección proyecta un ahorro anual de entre 20 y 25 millones de dólares.
El repliegue deja un vacío operacional para medios, agencias publicitarias y anunciantes, que durante más de dos décadas utilizaron la plataforma como una moneda común para validar audiencias y definir pautas comerciales. Ante este panorama, cada medio tenderá a exhibir sus propios datos de rendimiento, por ejemplo de Google Analytics, aunque estas métricas no son necesariamente comparables entre plataformas.
La pérdida de centralidad de los rankings de Comscore también afectaría la práctica de compra de tráfico web para escalar posiciones en las clasificaciones mensuales. Estar en los primeros puestos garantizaba valor comercial, por lo que algunos medios destinaban presupuestos publicitarios para sostener sus volúmenes de visitas. Esta transformación podría impactar en gigantes tecnológicos como Google, uno de los principales receptores de esa pauta publicitaria.
