viernes, 27 marzo, 2026

Vecinos de Córdoba venden sus casas por descontrol nocturno

La plaza Heraldo Bosio, ubicada entre las avenidas Capdevila y Alem en el barrio Villa Azalais de Córdoba, se ha convertido en el epicentro de un conflicto que está vaciando el vecindario. Frente a lo que describen como un «descontrol» absoluto durante la madrugada, numerosas familias han tomado la drástica decisión de abandonar sus hogares, poniéndolos a la venta tras años de padecimientos.

Noches de insomnio y zozobra

«Aquí al frente vivía mi hijo con mis nietos, que no podían dormir por los ruidos constantes de música alta y motos con escapes libres», relató Oscar Fioretti, uno de los vecinos afectados. Su testimonio refleja una realidad compartida: las jornadas laborales y escolares se ven severamente comprometidas por la falta de descanso. «Esto empieza desde la 1 de la mañana hasta las 8. Imaginen a las personas que quieren ir a trabajar o los chicos al colegio después de una noche en vela», precisó.

Un espacio público tomado por la droga y el alcohol

Los problemas van más allá del ruido. Los residentes denuncian una venta abierta y descontrolada de estupefacientes y el consumo de alcohol en la vía pública. «Acá hay descontrol de bebidas, descontrol de drogas. Le venden como si fuera un caramelo más», afirmó Fioretti. La plaza, según su descripción, presenta un estado de abandono con jeringas, bolsitas y restos de cigarrillos que no son de tabaco, evidenciando el consumo de sustancias prohibidas.

La salud y la paciencia, al límite

El impacto en la calidad de vida es profundo. «Acá tenemos gente que se ha muerto, gente enferma a la que le hace mal esto», reclamó el vecino, apelando a la intervención de las autoridades. Otro residente, que prefirió mantener su nombre en reserva, confirmó que su casa lleva seis meses en el mercado. «Mi señora es docente y se levanta a las 6 de la mañana. Durante la noche se despierta tres o cuatro veces porque no puede dormir», explicó.

El dolor de dejar el hogar

La decisión de vender no responde a una mejora económica, sino a la desesperación. «Todas las casas están en venta, pero no porque las quieran vender. Quieren venderlas porque no se aguanta más», enfatizó Fioretti. Para muchos, implica dejar atrás décadas de vida en el barrio. «Yo lamentablemente me tengo que ir porque no aguanto más. Viví acá hace 30 años, no era la idea irme. Lamentablemente no se puede vivir más; esto es tierra de nadie», concluyó otro de los afectados.

Según un relevamiento periodístico, alrededor de diez propiedades en la zona están actualmente en venta, un síntoma claro de la fractura del tejido social en un barrio que clama por una solución urgente a un conflicto que parece no tener fin.

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