Un sex shop ubicado en una galería céntrica de la capital correntina lleva 13 años operando en el rubro. Su propietaria, Margarita Bertoni, detalló el comportamiento de los consumidores y el impacto de la tecnología en el sector.
En el centro de la ciudad de Corrientes, un comercio dedicado a la venta de artículos íntimos funciona desde hace 13 años dentro de una galería. Su propietaria, Margarita Bertoni, dialogó con EL LIBERTADOR sobre la situación del sector, los hábitos de compra y la influencia de la tecnología.
Según Bertoni, el contexto económico actual generó una leve disminución en el ritmo de compras, aunque la demanda se mantiene activa. “Últimamente incide un poquito (la economía), pero la gente, cuando se trata de tener relaciones y de innovar en su pareja, hace un esfuerzo y viene a comprar igual”, explicó.
El perfil de los clientes, de acuerdo con la comerciante, es equitativo: no hay un rango etario predominante y la distribución entre hombres y mujeres es pareja, con una leve inclinación hacia el público femenino. Bertoni también señaló que los clientes masculinos no solo compran para uso personal, sino que adquieren obsequios y lencería para sus parejas. En el caso de la lencería, afirmó que la demanda es estable durante todo el año.
La confidencialidad es un pilar del servicio. “Cuando vienen acá, se sueltan, no pasa nada”, sostuvo Bertoni. El comercio no solicita información que comprometa la identidad de los clientes. “La gente viene y se siente protegida”, agregó.
La digitalización modificó el primer contacto con los clientes, que suelen consultar el catálogo por redes sociales o WhatsApp antes de asistir al local. La venta presencial continúa siendo relevante para el asesoramiento sobre el funcionamiento de los productos.
En cuanto a las tendencias, Bertoni mencionó los juguetes interactivos controlados por Bluetooth o aplicaciones móviles. Estos dispositivos, de mayor precio que la gama tradicional, son accesibles para el público. “Es llevadero y lo llevan de esa manera”, concluyó.
