domingo, 27 septiembre, 2026

Joan Vaello, artista de 100 años: “Los gitanos del Raval me ayudaron cuando murió mi familia; me he inspirado mucho en ellos a la hora de crear”

Joan Vaello (Barcelona, 1926) cumplió 100 años y continúa creando a diario. En una entrevista, relata su vida en el Raval, su vocación artística y su filosofía ante la longevidad.

Joan Vaello (Barcelona, 1926) abre la puerta de su casa del Raval rodeado de pinturas, poemas y recuerdos. Habla con energía, con una vitalidad inesperada para quien acaba de cumplir 100 años. Conserva una curiosidad intacta y unas ganas contagiosas de explicar, de compartir todo lo que ha vivido. Sigue creando cada día, llenando cuadernos, dibujando, escribiendo versos y observando el mundo con la misma inquietud de siempre. Ha atravesado una guerra, la pérdida de seres queridos y la transformación completa de la ciudad donde nació y ha vivido toda la vida: Barcelona.

Vaello nunca buscó reconocimiento ni pertenecer a los circuitos tradicionales del arte. Su obra nació fuera de galerías y academias, entre calles, conversaciones y libretas llenas de apuntes. En él, crear responde a una necesidad vital. Cuando se le pregunta por conceptos como longevidad o envejecimiento activo, apenas entiende a qué se refieren. Él habla de otra cosa: de levantarse cada mañana, beber un vaso de agua, mirarse al espejo y seguir adelante. De escuchar el cuerpo, mantener la cabeza ocupada y no perder nunca las ganas de hacer cosas.

En un tiempo obsesionado con fórmulas para vivir más años, Joan Vaello transmite algo mucho más sencillo, el entusiasmo por seguir viviendo. Escucharlo es entrar en un ritmo distinto, más humano, donde la creatividad forma parte de lo cotidiano y donde cumplir 100 años es la consecuencia de una vida llena de curiosidad, constancia, ilusión y entusiasmo.

Pregunta: Tiene 100 años. ¿Qué le hace levantarse cada mañana con esa vitalidad?

Respuesta: Pues una alegría muy grande. Yo me levanto, me miro al espejo y me digo: “Has dormido bien y estás aquí otro día más”. ¿Qué más se puede pedir? Luego tengo mis costumbres, que no las he dejado nunca, como beber un vaso de agua antes de desayunar. Eso me limpia por dentro. Me lo enseñaron cuando era joven y lo sigo haciendo a rajatabla. Y después ya empieza el día, sin prisas, pero sin parar.

P: Si tuviera que definirse, ¿qué diría que es: pintor, poeta o trovador?

R: He hecho las tres cosas. He pintado mucho, he escrito poesías y también he cantado. Pero más que definirme, diría que soy una persona que siente lo que hace. Hay poesías que he escrito que me han emocionado a mí mismo. Me pregunto cómo he podido hacer algo así y de dónde sale. Y entonces pienso que hay cosas que no se explican, que vienen dadas. Si tengo que decir algo, diría que soy alguien que crea.

P: ¿Qué le impulsa a seguir creando a los 100 años?

R: Se ha convertido en una costumbre que me llena. Yo no puedo estar sin hacer nada, necesito pintar, escribir, recitar… aunque sea un rato cada día. A veces son treinta minutos, otras veces más, pero siempre lo hago. Y así, el tiempo pasa sin darte cuenta.

P: ¿Cómo nació su vocación artística?

R: Fue sin darme cuenta. Yo estaba enfermo y un chico me trajo una novela para distraerme. Me gustó tanto que pensé que tenía que pintar la portada. Y la pinté sin haber aprendido antes. Cuando se la devolví, no se creía que la hubiera pintado yo. Y desde ese momento seguí. Es curioso, porque no tuve maestros al principio, fui aprendiendo solo. Luego sí tuve alguno, pero lo importante fue ese impulso inicial que no he perdido nunca.

P: Le conocen como “El Pintao”. ¿De dónde viene ese nombre?

R: Viene de un seudónimo que me pusieron los gitanos de mi barrio del Raval de Barcelona. Casi siempre firmo mis obras con mi apellido, Vaello, pero otras veces, cuando no me acaba de gustar, pongo “El Pintao”. Es como decir: está pintado, pero no es lo mejor que puedo hacer. Con el tiempo, la gente empezó a llamarme así. Y así se quedó.

P: Usted ha vivido en Barcelona durante un siglo. ¿Qué ha cambiado en la ciudad?

R: Ha cambiado todo, absolutamente todo. Hay cosas que han mejorado, eso es evidente, pero también se ha perdido mucho. Antes había más relación entre las personas, más cercanía. La gente se conocía, se ayudaba, había una especie de unión que ahora cuesta más encontrar. No digo que ahora sea peor, pero es distinto. El ritmo es otro, la manera de vivir es otra. Y eso se nota en el ambiente.

P: ¿Qué diferencia hay entre el Raval que usted conoció y el actual?

R: El Raval de antes era un barrio muy vivo, muy auténtico. Había gente trabajadora, muchos gitanos que tenían sus oficios y ayudaban a mantener el barrio. No había tanta inseguridad como ahora. Si venía alguien a hacer daño, los vecinos se unían y lo echaban. Había un sentido de comunidad muy fuerte. Ahora todo es más individual, más frío. Se ha perdido ese espíritu.

P: Vivió la guerra siendo niño. ¿Cómo le marcó aquella etapa?

R: Fue una época muy dura, de las que no se olvidan. Faltaba de todo: comida, medicamentos… La gente moría por enfermedades que hoy se curarían fácilmente. Yo perdí a mi padre y a mi hermana en aquellos años. Son recuerdos que llevo conmigo, aunque no me gusta recrearme en ellos. Prefiero quedarme con lo bueno que vino después, con lo que pude construir. Pero esas vivencias te hacen ver la vida de otra manera.

P: ¿Qué ha aprendido usted, sin que nadie se lo enseñara?

R: Principalmente, a observar y a escuchar. Eso es fundamental. Hay mucha gente que oye, pero no escucha, y al final no aprende nada. Yo siempre he tenido esa curiosidad por entender las cosas, por sacar algo de lo que veo y de lo que oigo. Y también he aprendido a ser constante. Las cosas no salen a la primera, hay que insistir. Si hoy aprendes algo y mañana lo olvidas, no has aprendido nada. Por eso aprendí a pintar, a escribir, a cantar, a hacer magia… a base de ser constante.

P: Pero aparte, ¿tuvo algún maestro que le marcara en su aprendizaje?

R: Sí, el maestro Pruna. Fui a verlo porque quería ser caricaturista, pero me hizo probar y me dijo que aquello no era lo mío, que tenía que coger otra cosa: óleo, acuarela, tinta… Y empecé por ahí. Aparte, aprendí de él muchas otras cosas. Pero también, los gitanos del barrio me enseñaron mucho. Me enseñaron a vivir, a compartir, a estar con la gente. Y cuando murió mi familia, fueron ellos los que me ayudaron. En ellos me he inspirado mucho a la hora de crear.

P: ¿La vida le ha resultado más bien dura o generosa?

R: He tenido de todo, como la de cualquiera. Ha habido momentos muy duros, pero también otros muy buenos. Yo siempre he intentado tirar hacia adelante, no quedarme en lo negativo. La vida te da golpes, pero también te da oportunidades. Y depende mucho de cómo te lo tomes. Yo he intentado aprovechar lo que venía y seguir.

P: ¿Para qué le ha servido el arte a lo largo de su vida?

R: El arte ha sido mi manera de expresarme y de entender lo que me pasa. Cuando pintas o escribes, sacas cosas que llevas dentro que de otra manera no saldrían. También ha sido una compañía, algo que siempre ha estado ahí. En momentos buenos y malos, el arte ha sido un refugio. Y además me ha permitido conectar con otras personas, compartir lo que hago.

P: Publicó un libro de poemas con la ayuda de un amigo. ¿Cómo fue aquella experiencia?

R: Sí, con un amigo al que aprecio y me ayuda mucho, Carlos. De hecho, él me ha hecho hasta un documental. Él se encargó de todo. Hicimos unos 150 ejemplares del libro y en tres días ya no quedaba ninguno. Fue muy bonito, porque más que venderlos, era compartir lo que había escrito.

P: ¿Qué busca cuando pinta o escribe?

R: No busco nada concreto, la verdad. Simplemente dejo que salga lo que siento en ese momento. A veces es una imagen, otras veces una idea, una emoción… No lo planifico demasiado. Cuando me pongo, voy viendo lo que aparece. Y cuando algo me gusta, lo sé. Es una sensación interna, difícil de explicar.

P: ¿Cree que llegar a los 100 años tiene que ver con cómo se vive?

R: Sí, tiene mucho que ver. Yo no he fumado nunca, no he bebido alcohol, he llevado una vida bastante ordenada. Pero también creo que influye la cabeza, la manera de tomarse las cosas. Si estás siempre preocupado o enfadado, eso pasa factura. Hay que tener cierta calma, cierta disciplina y no hacer excesos.

P: ¿Dónde se nota más el paso del tiempo, en el cuerpo o en la cabeza?

R: El cuerpo se nota, claro, no es el mismo. Pero la cabeza, si la mantienes activa, funciona bien. Yo sigo pensando, creando, recordando… y eso es importante. Lo peor es dejar de usar la cabeza; eso sí que envejece rápido.

P: ¿Qué mantiene viva a una persona durante tantos años?

R: Tener algo que hacer, tener ilusión. Si no tienes proyectos, te apagas. Aunque sean cosas pequeñas, da igual. Lo importante es levantarte con algo en mente, con ganas de hacer algo.

P: ¿Piensa en la muerte?

R: No especialmente. Sé que está ahí, como para todos, pero no me obsesiona. Cuando llegue, llegará. Mientras tanto, sigo con lo mío. No tiene sentido vivir preocupado por eso.

P: ¿Qué le queda por hacer?

R: Seguir pintando y creando. Me gustaría dejar una obra importante, que se conserve. Que la gente pueda verla cuando yo no esté. Eso me hace ilusión.

P: ¿Qué significa para usted vivir bien?

R: Estar tranquilo con uno mismo, hacer lo que te gusta y no molestar a nadie. Disfrutar de las cosas sencillas. No hace falta mucho más.

P: Si tuviera que resumir su vida en una frase…

R: He vivido como he sabido, sin pensar en los años.

Evelyn López, Sofía Amadori (vídeo)

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