El avance de los medicamentos análogos de hormonas intestinales como el GLP-1 y el GIP transformó el tratamiento de la obesidad y la diabetes. En Argentina, la ANMAT advirtió sobre la venta ilegal de versiones no aprobadas, especialmente de retatrutida.
Cada vez que comemos, el intestino libera hormonas llamadas incretinas, que actúan como mensajeros químicos. Las dos principales son el GIP, producido en las células K del duodeno y el yeyuno, y el GLP-1, producido en las células L del íleon y el colon.
Entre comidas, estas hormonas tienen niveles bajos y se elevan al consumir hidratos o grasas. Ayudan a que el páncreas libere insulina, regulan la glucosa, frenan el apetito y dan saciedad. Sin embargo, duran pocos minutos en sangre porque la enzima DPP-4 las destruye. En personas con obesidad o diabetes, la producción de GLP-1 puede estar alterada.
La industria farmacéutica desarrolló versiones modificadas de estas hormonas (análogos) que resisten más tiempo en el organismo, con una duración de hasta una semana.
Semaglutida: la que abrió el juego
La semaglutida se aprobó en Estados Unidos en 2017 como Ozempic para diabetes tipo 2, y luego como Wegovy para obesidad. La modificación de la molécula de GLP-1 permite que la enzima DPP-4 no la degrade y que viaje unida a una proteína sanguínea. Dura aproximadamente 180 horas, por lo que se aplica una inyección semanal.
En diciembre de 2025, la FDA aprobó la versión en pastilla diaria de Wegovy para obesidad, el primer GLP-1 oral para esa indicación en Estados Unidos. Aún no está disponible en Argentina.
En el país, existen copias de la semaglutida para diabetes llamadas Dutide u Obetide para obesidad.
Tirzepatida: el doble efecto
La tirzepatida imita al GIP y al GLP-1. Se aprobó en 2022 como Mounjaro para diabetes, y en 2023 como Zepbound para obesidad en Estados Unidos.
Efectos más allá del peso
Los receptores de estas hormonas están en el corazón, los vasos sanguíneos, el cerebro, el sistema inmune y el hígado, lo que genera beneficios en múltiples órganos.
En el corazón, el estudio SELECT, con más de 17.000 adultos con sobrepeso u obesidad y enfermedad cardiovascular pero sin diabetes, mostró que la semaglutida semanal reduce un 20% el riesgo de infartos, ACV y muerte cardiovascular.
En el hígado, la tirzepatida revirtió la enfermedad metabólica hepática en 7 de cada 10 pacientes con la dosis más alta de 15 mg por semana. En los riñones, el estudio FLOW mostró que la semaglutida reduce un 24% el riesgo de complicaciones renales graves en personas con diabetes y enfermedad renal crónica.
En piel, el estudio Together PSO mostró que, en la semana 36, la proporción de pacientes que lograron aclaramiento cutáneo completo y reducción del peso corporal (≥10%) fue mayor con la combinación de ixekizumab, un biológico para psoriasis, y tirzepatida (27,1%) que con ixekizumab en monoterapia (5,8%).
Ambos fármacos disminuyen la inflamación en el cuerpo, independientemente de la pérdida de peso.
Lo que se viene
En abril de 2026, la FDA aprobó el orforglipron llamado Foundayo, de Eli Lilly, para adultos con obesidad o sobrepeso con problemas de salud asociados. Es una pastilla diaria que se puede tomar sin restricciones de comida o agua. Aún no llegó al país ni está aprobada por ANMAT.
En la fila de espera están la retatrutida, que imita tres hormonas a la vez (GIP, GLP-1 y glucagón) y todavía no tiene aprobación de la FDA, y el CagriSema, una inyección que combina semaglutida con cagrilintida, una molécula que imita a la amilina. En su principal estudio, las personas que lo usaron bajaron en promedio un 20% de su peso en 68 semanas, y la aprobación estaba bajo revisión.
Todas estas aprobaciones son de Estados Unidos. En Argentina, cada medicamento debe pasar por la ANMAT.
Riesgos de las copias ilegales
Cuando un medicamento se vuelve famoso, aparecen imitaciones que se ofrecen en páginas web, redes sociales y WhatsApp, a precios tentadores y sin receta. En Argentina ya hubo alertas concretas.
Según la ANMAT, en los productos inyectables contaminados, una infección puede pasar con facilidad a la sangre, lo que puede terminar en abscesos o en una infección generalizada. También puede haber dosis equivocada o sustancia equivocada: el frasco puede tener menos droga, mucha más de la declarada, otra sustancia o directamente nada. En muestras incautadas se han encontrado metales pesados, toxinas bacterianas y moléculas con la secuencia incorrecta.
Otro riesgo es la inmunogenicidad: si la síntesis de los péptidos sale mal, quedan restos o fragmentos defectuosos que el sistema inmune puede reconocer como extraños. El cuerpo entonces fabrica anticuerpos, lo que puede provocar alergias, reacciones en el sitio de la inyección o hacer que el tratamiento deje de funcionar.
Además, sin médico no hay red: quien compra por internet suele preparar y dosificar por su cuenta, guiado por tutoriales. Si aparece un efecto adverso, no hay nadie que lo detecte a tiempo.
Un truco frecuente de los vendedores es etiquetar los frascos como «solo para investigación» o «no apto para consumo humano». La FDA de Estados Unidos ya advirtió a empresas que vendían diversos fármacos para obesidad.
Retatrutida: se vende antes de existir
La retatrutida, el «triple agonista», todavía está en estudio y Eli Lilly planea pedir su aprobación a la FDA recién en el primer trimestre de 2027. Sin embargo, ya circula.
En agosto de este año, la ANMAT detectó su venta en Argentina a través de páginas web, plataformas de venta online y WhatsApp, y advirtió que, como no está probada su eficacia ni su seguridad, usarla es altamente peligroso para la salud. Si ningún país la aprobó, todo lo que se vende como retatrutida es, por definición, de origen dudoso.
Un estudio con historias clínicas de pacientes en Estados Unidos encontró que la retatrutida conseguida en el mercado negro no logró la pérdida de peso vista en los ensayos clínicos, y los investigadores recomendaron a los médicos vigilar la frecuencia cardíaca de quienes la usan.
Estos tratamientos se compran en farmacias, con receta y con seguimiento médico. Todo lo demás es jugar a la ruleta con el propio cuerpo.
No es magia
La base del tratamiento siguen siendo los cambios en el estilo de vida. Los medicamentos no mueven los brazos y piernas ni eligen la calidad de lo que se come. Hay efectos gastrointestinales menores pero frecuentes que el médico debe vigilar. Por eso, estos fármacos funcionan mejor acompañados de cambios en la alimentación, la actividad física y el aprendizaje para gestionar emociones sin comida o alcohol. Siempre con indicación y seguimiento médico y nutricionista, nunca por cuenta propia ni comprados por internet.
Con todos los estudios y evidencias de los beneficios adicionales más allá del peso, la obesidad es hoy un tema de cardiólogos, diabetólogos, clínicos, psiquiatras, dermatólogos, nefrólogos, hepatólogos, ginecólogos y neurólogos, además de los obesistas.
El tiempo y los datos de la vida real permitirán conocer todo su potencial, pero una cosa está clara: no son todos iguales.
