En el marco de la tercera edición del festival Semana Negra BA, los escritores Juan Sasturain, Sylvia Iparraguirre y Carlos Gamerro analizaron la influencia de Jorge Luis Borges en el género policial. La actividad se realizó en la Biblioteca Ricardo Güiraldes, con entrada libre y gratuita.
La tercera edición de Semana Negra BA, festival de novela negra de Buenos Aires, continúa hasta el sábado en la Biblioteca Ricardo Güiraldes (Talcahuano 1261, CABA) con entrada libre y gratuita. En ese contexto, se llevó a cabo la charla “El policial después de Borges: del séptimo círculo al noir contemporáneo”, moderada por Vivian Dragna, escritora y organizadora del Festival Borges.
Participaron los escritores y periodistas Juan Sasturain, Sylvia Iparraguirre y Carlos Gamerro. El eje del debate fue el vínculo de Jorge Luis Borges con el género policial y su influencia en la literatura argentina e hispanoamericana.
Iparraguirre, autora del libro Borges, un destino sudamericano (Alfaguara), señaló que Borges celebra el género policial por motivos que se remontan a Edgar Allan Poe. “Si bien él es un ‘poemiano’, un escritor que celebra el cuento de raciocinio, de una inteligencia superior, está planteado por Edgar Allan Poe en el caballero Dupin”, afirmó. Agregó que Borges destacaba la aparición de “un segundo personaje que va a ser icónico en el género, que es el amigo que le alcanza un problema”.
La escritora mencionó que en 1940 Borges desató una polémica en el centro de la literatura argentina a partir del prólogo de La invención de Morel. Según Iparraguirre, Borges planteó una discusión con Ortega y Gasset y propuso dos géneros laterales: el fantástico y el policial. “El policial que Borges procura y le interesa es el policial aséptico, como era Borges para escribir, y como detestaba la prolijidad de lo real”, sostuvo.
Juan Sasturain se refirió a la colección El Séptimo Círculo, lanzada en 1945 por Borges y Adolfo Bioy Casares. “Borges y Bioy leían las crónicas de las novedades inglesas y trabajaban a partir de ahí, de las críticas y comentarios de los libros. Entonces, seleccionaban de qué iban a hablar”, recordó. Además, mencionó que Borges escribió pocos cuentos policiales, algunos bajo el seudónimo H. Bustos Domecq, compartido con Bioy Casares.
Sasturain también citó a James Cain, autor de El cartero llama dos veces (1934), y lo comparó con autores rioplatenses como el uruguayo Enrique Amorim. “El Séptimo Círculo tenía las características formales exteriores que son absolutamente coherentes con la descripción de la postura de Borges respecto al enigma”, completó.
Consultada sobre la presencia de elementos del noir contemporáneo en la literatura de Borges, Iparraguirre respondió: “Sí, en el enigma”. Explicó que Borges se formó en Poe y en la línea inglesa del policial, y que practicó el género en dos vertientes: por un lado, Isidro Parodi; por otro, el policial del sucedido, con cuentos como “El hombre de la esquina rosada”, “La intrusa”, “El evangelio según Marcos” y “La espera”.
Carlos Gamerro, autor de Los laberintos de Borges, sostuvo que “todo el trabajo de Borges con los cuentos de cuchilleos o el mundo del hampa es un noir criollo”. Añadió que las categorías de noir versus policial clásico no son puras en la realidad. “Los policiales de Borges son fábulas gnoseológicas”, afirmó. También relacionó al autor con las películas de asesinos seriales: “Muchas veces termina produciendo crímenes que son un mensaje, que son un texto para ver si el detective los descifra o no”.
Sobre la evolución del género después de Borges, Sasturain destacó el papel de Rodolfo Walsh, quien en 1953 afirmó en la Primera antología de cuentos policiales argentinos que existía una historia del cuento policial argentino y otra cosa era el género policial argentino, más laxo. Mencionó también a Ricardo Piglia, Eduardo Goligorsky y, más recientemente, a Guillermo Martínez y Pablo de Santis.
Gamerro señaló que la dictadura marcó un antes y un después en la novela policial argentina. “Lo que también noté como lector y empezando a plantearme cómo escribir son dos de mis novelas iniciales: Las Islas (1998) y El secreto y las voces (2002) tienen estructura policial”, dijo. Agregó que en la posdictadura “el regreso del policial clásico parecía que lo más importante era averiguar la verdad, es decir, saber qué pasó con la dictadura”.
Finalmente, Sasturain elogió a Pablo de Santis: “Cuando aparece De Santis aparece un escritor; no es un narrador ni un inventor de historias: es un soberano escritor”. Gamerro citó La pesquisa de Juan José Saer como ejemplo de yuxtaposición del policial clásico con los crímenes de la dictadura.
