La ex Intendente y ex Diputada nacional, entrevistada por EL LIBERTADOR, afirmó que el escenario político argentino refleja una crisis de representación. Ante ello, remarcó que el radicalismo cumple un rol relevante como fuerza bisagra en el Congreso, remarcó que la fuerza debe asumir con humildad el mensaje de las urnas, e indicó que el partido centenario debe revisar sus prácticas y aportar equilibrio, diálogo y una mirada federal sin perder identidad.
a ex Intendente de la Ciudad de Resistencia y ex diputada nacional, Aida Ayala, entrevistada por EL LIBERTADOR, realizó un balance del escenario político argentino marcado, según señaló, por un fuerte mensaje social de rechazo a las estructuras partidarias tradicionales y una profunda crisis de representación.
En ese contexto, ubicó a la Unión Cívica Radical en uno de los momentos más complejos de su historia, con un rol no central pero relevante como fuerza bisagra en el Congreso, acompañando la gobernabilidad y estableciendo límites cuando considera que están en riesgo el federalismo o la institucionalidad.
La dirigente radical destacó el deber de que la UCR lea con humildad el mensaje de las urnas, revise sus prácticas internas y aporte equilibrio, diálogo y una mirada federal sin perder identidad, incluso en escenarios provinciales atravesados por alianzas electorales diversas, como ocurre en el Chaco.
Desde su experiencia como ex intendente, diputada nacional y dirigente con una extensa trayectoria en la gestión pública, ¿qué balance realiza del escenario político argentino al cierre de 2025, y cómo evalúa el rol que viene desempeñando la UCR en este contexto?
– Al cierre de 2025 estamos frente a un escenario político muy particular. La sociedad dio un mensaje muy claro en las urnas: no solo eligió a Javier Milei, sino que también votó en contra de los partidos políticos tradicionales. Milei ganó, en gran parte, porque no venía de una estructura partidaria clásica, y eso hay que entenderlo y respetarlo. Habla de un cansancio profundo y de una crisis de representación que atraviesa a todo el sistema político. En ese contexto, la Unión Cívica Radical está probablemente en uno de los momentos más difíciles de su historia. No ocupa un lugar cómodo ni central. Es un momento de revisión, de debates internos y de decisiones complejas. A nivel nacional, el radicalismo viene cumpliendo muchas veces un rol de fuerza bisagra: acompañando lo que considera necesario para la gobernabilidad, y marcando límites cuando entiende que se afecta el federalismo o la institucionalidad. Ese rol genera tensiones, pero también es parte de la responsabilidad democrática. Y en las provincias esto se expresó de distintas maneras, incluso a través de alianzas electorales con La Libertad Avanza, como ocurrió en el Chaco. Mi mirada es que la UCR tiene que leer con humildad el mensaje social, no negar la realidad, y aportar equilibrio, diálogo y una mirada federal, sin perder su identidad.
AGENDA PENDIENTE
A partir de los debates que marcaron los últimos años en el Congreso, ¿qué temas considera que quedaron inconclusos o requieren una revisión profunda, especialmente en relación con políticas sociales, desarrollo regional y fortalecimiento institucional?
– Hay temas muy sensibles que siguen sin resolverse y que deberían estar siempre en el centro de la agenda pública. Hablo de salud, educación y jubilados. En un contexto de reordenamiento económico y de recursos más limitados, estas áreas sienten el impacto de manera directa, y eso genera preocupación en la gente. Son temas que no admiten miradas livianas ni soluciones de corto plazo. Cuando hablamos de salud, educación y jubilaciones, hablamos de derechos básicos y de la vida cotidiana de millones de personas. Por eso es fundamental que, aun en escenarios complejos, estas áreas sean cuidadas y tenidas en cuenta en cada decisión.
Dicho esto, también hay debates estructurales que no se pueden seguir postergando. Uno central es el del trabajo. Y hay que decirlo con honestidad: el sistema tal como está no está funcionando. Si funcionara, no tendríamos tanta informalidad ni tanta gente sin derechos ni protección. Y acá hay que cuidar a los dos lados: al trabajador, pero también a quien genera empleo. Porque si no cuidamos al que invierte, produce y contrata, el trabajo formal no aparece. El equilibrio es clave. No se trata de quitar derechos, se trata de generar condiciones para que haya más empleo registrado y menos precariedad.
En lo social y productivo pasa algo parecido. Necesitamos políticas que acompañen, pero que también formen y capaciten. Empresas que absorban mano de obra local, capacitación vinculada a la producción real, incubadoras de empresas y agencias de empleo provinciales que articulen la oferta con la demanda. Y todo eso tiene que estar sostenido en el tiempo. Sin planificación, sin continuidad y sin instituciones fuertes, seguimos discutiendo y la realidad no cambia.
LIDERAZGO, DIÁLOGO Y CONSENSOS. La «Dama de hierro» resaltó el rol del municipalismo y del Congreso como pilares del equilibrio democrático, sostuvo que fortalecer el Estado implica hacerlo más eficiente y transparente, y llamó a que provincias y municipios sean protagonistas de su propio desarrollo.
Municipios y provincias como actores centrales
Usted ha destacado en distintas oportunidades la importancia del municipalismo y del Congreso como espacios claves del equilibrio democrático. ¿Qué desafíos observa hoy para fortalecer el Estado en un escenario político y social complejo?
Yo creo que hoy el principal desafío es que cada nivel del Estado cumpla bien su rol. Los municipios son la primera puerta: ahí la gente ve si el Estado responde o no. Por eso el municipalismo es clave, porque es donde se gestionan los problemas concretos y cotidianos. El Congreso también cumple una función central en ese equilibrio democrático, porque es el ámbito donde se expresan las distintas miradas del país y donde se ordenan las decisiones de fondo. En contextos sociales y económicos complejos, es importante que ese funcionamiento institucional se sostenga y dé previsibilidad.
Y hay algo que me parece fundamental aclarar: fortalecer el Estado no es agrandarlo. No es sumar estructuras ni burocracia. Es lograr que funcione mejor, que sea eficiente, transparente y que dé respuestas reales. Cuando cada nivel del Estado hace bien lo que le corresponde, la sociedad tiene más certidumbre y confianza.
Federalismo, previsibilidad y producción
Pensando en el rumbo político del país hacia 2026, ¿cuáles cree que deberían ser los ejes prioritarios de una agenda responsable y federal que dé respuestas concretas a la ciudadanía?
– Yo veo tres ejes claros.
Primero, previsibilidad: reglas claras y estabilidad para que la gente y las empresas puedan planificar.
Segundo, trabajo y producción: dejar de discutir solo el ajuste y empezar a discutir cómo se genera empleo privado genuino, especialmente en el interior.
Y tercero, federalismo real. No solo en los discursos. Federalismo es infraestructura, energía, conectividad y crédito para que las provincias puedan desarrollarse en igualdad de condiciones. Si el interior crece, crece la Argentina. Una agenda responsable no promete soluciones mágicas, pero sí orden, continuidad y resultados.
