El adolescente correntino, que sufrió una grave lesión cervical, recibió la inesperada visita del emblemático entrenador de la Generación Dorada, quien le brindó aliento y una promesa de cara a su regreso al básquet.
Tras una grave lesión cervical que conmocionó al básquet de Corrientes, el adolescente Jeremías Nato desafió todos los pronósticos médicos. Ya recibió el alta y, antes de dejar el hospital pediátrico «Juan Pablo II», fue sorprendido por una visita que le cambió el ánimo: el histórico Rubén Magnano, quien lo alentó a recuperarse para volver a las canchas.
Lo que comenzó como un partido de básquet habitual terminó de la forma menos pensada. De un momento a otro, la adrenalina del juego se transformó en angustia y la comunidad deportiva de Corrientes quedó en vilo por la salud de Jeremías. «No entendíamos nada, fue todo muy loco. De un partido fuimos a parar todos a un hospital», relata su madre, Mariana Leguiza, al recordar los primeros momentos de una pesadilla que hoy empieza a quedar atrás.
Los primeros días fueron críticos. Jeremías estaba en terapia, bajo sedación y con asistencia respiratoria mecánica. La incertidumbre era total y las noticias que recibía la familia no eran alentadoras. Sin embargo, cuando los médicos decidieron quitarle el respirador para evaluar su respuesta motriz, el joven protagonizó un episodio que su propia familia define como algo «de creer o reventar». Para sorpresa del equipo médico, que esperaba secuelas o una reacción mucho más lenta, Jeremías despertó con una lucidez asombrosa. «De la nada, él estuvo bien, habló, ya quería sentarse en la cama», explica Mariana. No solo eso: el joven se levantó, caminó y comenzó a comer por sus propios medios ante la mirada incrédula de los profesionales.
En medio de este proceso de recuperación, Jere recibió una inyección de ánimo inesperada. Rubén Magnano, el emblemático entrenador de la Generación Dorada, se acercó al hospital tras coordinar la visita con el padre del joven. Para Jeremías y su familia, fue una sorpresa total. El técnico se tomó un tiempo antes de una charla que debía dictar en la ciudad de Corrientes para conversar con el chico y dejarle un mensaje cargado de futuro. «Le dijo que se recupere, que haga todos los tratamientos, y que cuando esté listo para volver, lo llame para hablar», recordó su madre sobre el encuentro que dejó a la familia con una felicidad difícil de explicar.
Hoy, la realidad es otra: Jeremías ya recibió el alta hospitalaria y se encuentra descansando en su casa junto a sus seres queridos. Aunque ahora comienza una etapa crucial de rehabilitación y consultas permanentes con el neurólogo para obtener el alta definitiva, el optimismo es total. La fuerza de voluntad del joven y el respaldo de figuras destacadas del deporte, así como la familia como sostén inquebrantable, parecen ser la combinación perfecta para que, muy pronto, la noticia sea su regreso definitivo a las canchas.
La sorpresa fue descrita por la madre de Jeremías como una «sorpresa increíble». El encuentro se coordinó con el padre de Jeremías mientras Magnano estaba en la ciudad para brindar una charla sobre «El oro olímpico, una consecuencia». La visita ocurrió cerca del mediodía del jueves en el hospital pediátrico, poco antes de que Jeremías recibiera el alta y pudiera finalmente regresar a su casa. Más allá de la presencia física, lo más significativo fue la promesa que le dejó el exentrenador de la Selección Nacional. Magnano le pidió que se enfoque en su rehabilitación y le dijo: «cuando estés listo para volver, llamame y hablamos».
