Cada martes, la Iglesia Evangélica Bautista Centro transforma la plaza Cabral en un espacio de contención con comida caliente para familias, jubilados y estudiantes.
La Iglesia Evangélica Bautista Centro, ubicada en Hipólito Yrigoyen 1424, lleva adelante todos los martes una iniciativa de asistencia alimentaria en la plaza Cabral, en el centro de la ciudad de Corrientes. Un grupo de aproximadamente 20 voluntarios concurre al lugar con ollas, bandejas y jarras de jugo para distribuir comida caliente.
El proyecto comenzó en 2018 como una pequeña experiencia y fue interrumpido por la pandemia de COVID-19. En abril de este año retomó la actividad y, según informaron desde la organización, actualmente se preparan tres ollas grandes que alcanzan para alimentar a más de cien personas cada martes.
Los voluntarios explicaron que la elección del martes responde a la necesidad de cubrir el vacío que dejan otras instituciones que brindan alimentos durante el resto de la semana. La logística incluye tareas distribuidas entre quienes cortan el pan, preparan tortas fritas, elaboran el jugo y limpian los utensilios. Además, implementaron la figura de catadores oficiales para verificar el punto de sal de cada comida.
Desde la Iglesia señalaron que la actividad es una expresión práctica del amor de Dios hacia el mundo. Indicaron que el perfil de los asistentes cambió con el tiempo: ya no se trata solo de personas en situación de calle, sino que ahora concurren familias enteras, jóvenes universitarios y jubilados que no llegan a fin de mes. Asisten vecinos de barrios como San Roque, Pirayuí, Esperanza y Montaña, algunos en transporte público o en remís con sus propios recipientes.
La vocación social de la institución tiene antecedentes que se remontan a 1986, durante una de las inundaciones más grandes de la región, cuando comenzaron a trabajar en el comedor del barrio Lomas del Mirador y a repartir alimentos en hospitales. El proyecto de viandas nocturnas de 2018 se realizaba recorriendo esquinas en automóviles para llevar comida a jóvenes que hacían malabares y a personas sin techo.
Actualmente, la iniciativa es sostenida por toda la congregación mediante donaciones de dinero e insumos. Desde la organización aclararon que la labor no responde a intereses políticos ni religiosos, y que reciben donaciones de personas católicas, ateas y vecinos particulares. El espacio se convirtió en un punto de encuentro donde los asistentes conversan, agradecen y comparten historias de inserción social y laboral.
Como próximo paso, la Iglesia planea sumar los jueves por la noche a su calendario de asistencia para responder a la creciente demanda. Los coordinadores invitaron a vecinos de diferentes barrios a replicar estas acciones. «Todos tenemos problemas, pero cuando vemos la situación del otro, nos damos cuenta de que lo nuestro no es nada. Y eso también te da fuerzas y te enseña a tener la voluntad y el compromiso, que no es ni con la iglesia ni con el pastor, sino con el pueblo», afirmaron desde la institución.
