La ciudad de Bella Vista conmemoró este 16 de julio el 199° aniversario de la llegada de la imagen de la Virgen del Carmen, patrona departamental, con una procesión, misa y festival.
Bella Vista, 17 de julio de 2026. Con una jornada cálida y algo ventosa, la ciudad de Bella Vista llevó adelante la fiesta patronal en honor a la Virgen del Carmen al cumplirse este 16 de julio 199 años de su presencia como protectora de la comunidad. Por la tarde se realizó el programa central, que incluyó la tradicional procesión, una misa concelebrada y un festival de homenaje.
La parroquia, a cargo del sacerdote Goyo Valenzuela, convocó a la comunidad a realzar la presencia de la Madre en esta ciudad desde 1827. Durante la celebración principal, al cabo de la procesión, la Iglesia local elevó oraciones “por el pueblo argentino, tan devoto de María, para que por su intercesión puedan los gobernantes trabajar por la paz, afianzar la justicia y la solidaridad; por las autoridades, para que iluminados por la sabiduría del Espíritu Santo trabajen con honestidad y compromiso por el bien común; por todos los devotos de la Virgen del Carmen para que, protegidos por el escapulario, crezcan en el amor de Dios”, entre otras intenciones, y se subrayó el camino hacia “los 200 años de la llegada de la imagen de la Virgen del Carmen a Bella Vista”.
El celebrante principal, Daniel Mazares, Vicario del Arzobispado de Corrientes, afirmó durante la homilía: “La Virgen nos dice que la Iglesia es Madre y maestra. El cristiano no es extranjero en ningún lugar del mundo, siempre habrá algún familiar. Nosotros por el signo del amor de Dios, debemos reconocernos y valorarnos como hermanos. Cada uno de nosotros tiene un desafío. Nuestra Madre quiere preservarnos del mal”. Agregó: “Lo que conserva el alma, las cizañas que dejamos crecer, a la larga o a la corta enferma el cuerpo. El Señor en el bautismo nos toma de la mano y la Virgen nos acompaña en toda nuestra peregrinación”. También sostuvo: “Lo habitual no es la compasión, no es el perdón… y nos gana la ira, el enojo, la crueldad. Y así el amor de Cristo va desapareciendo de nuestra existencia. La misericordia no va a corregir los errores del pasado, pero abre infinitos caminos y posibilidades para el presente y el futuro”.
