El Ministerio de Salud de Córdoba inicia una nueva etapa. En medio de un proceso de reordenamiento interno, este martes se confirmó la renuncia de Carlos Giordano a la Secretaría de Salud, una de las piezas centrales del esquema sanitario provincial.
En su reemplazo asumirá Gustavo Kleim, dirigente cercano al gobernador y hombre de confianza del Centro Cívico. La decisión forma parte de una reestructuración más amplia impulsada por el ministro Ricardo Pieckenstainer, que apunta a reducir y concentrar áreas para ganar ejecutividad.
Desde el entorno ministerial explicaron que la premisa es clara: menos compartimentos estancos y más capacidad de respuesta. “La idea es que la estructura sea más ejecutiva, eficiente y ágil, como lo pide el gobernador y como lo demanda la gente”, señalaron fuentes oficiales.
El nuevo gabinete sanitario
Tras la partida de Giordano -dejaron trascender que es por un proyecto personal en el sector privado-, el rediseño implica la unificación de las actuales secretarías en tres grandes áreas: Salud, Adicciones y Legales.
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Kleim tendrá bajo su órbita el corazón operativo del sistema: hospitales, odontología, banco de sangre, farmacias y otras dependencias clave. La concentración de funciones lo convierte en una figura central del nuevo esquema.
Por su parte, Maria Pia Guidetti ampliará su actual Secretaría de Salud Mental al absorber el área de Adicciones, en línea con el crecimiento de la demanda en consumos problemáticos y atención psicológica.
Completa la mesa chica Claudio Esteban Faner, que continuará al frente de la gestión administrativa y sumará el área de Legales, reforzando el control técnico y normativo en una cartera atravesada por contrataciones, convenios y litigios crecientes.
Liliana Montero ampliará responsabilidades vinculadas al Desarrollo Humano con los nuevos ejes estratégicos del Ejecutivo, entre ellos la implementación del programa Medicor.
Más territorio, menos burocracia
En el Panal sostienen que la reestructuración responde también a un objetivo político: fortalecer la presencia territorial del Ministerio y replicar un modelo de gestión más dinámico, similar al que Pieckenstainer aplicó en el ámbito privado.
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El contexto no es menor. De cara al invierno, el sistema sanitario enfrenta el desafío de sostener la atención ante una mayor presión de pacientes que quedaron fuera de obras sociales o prepagas. “Hay que estar preparados para dar mayor accesibilidad e incorporar a quienes se fueron cayendo del sistema”, admitió un médico del área.
Los primeros datos de 2026 muestran una leve estabilización en la demanda hospitalaria, lo que aliviaría parcialmente la estructura pública. Sin embargo, crecen los requerimientos en salud mental y consumos problemáticos, dos frentes que exigirán coordinación fina entre las nuevas áreas unificadas.
La nueva conducción deberá, además, ejecutar los anuncios formulados por Llaryora en la apertura de sesiones legislativas: el fortalecimiento de la igualdad territorial con nuevos hospitales en el noroeste provincial y en Bell Ville, junto con la puesta en marcha del programa Medicor.
Con menos secretarías y más concentración de poder operativo, el ministro apuesta a un “tridente” de confianza para relanzar la gestión sanitaria. En tiempos de recursos ajustados y demanda en transformación, la promesa es simple de enunciar y compleja de cumplir: más eficiencia, más territorio y menos margen para el error.
