Durante la misa del domingo 26, el obispo emérito de Corrientes, Domingo Salvador Castagna, abordó el evangelio de Mateo 21, 28-32, la parábola de los dos hijos, y la exigencia de coherencia en la fe cristiana.
En su homilía del domingo 26, durante el año litúrgico de la Iglesia, Monseñor Domingo Salvador Castagna reflexionó sobre el evangelio del día: Mateo 21, 28-32, la parábola de los dos hijos y la exigencia de coherencia entre el decir y el hacer.
1. Dos maneras de ser hijos
La parábola de «los dos hijos» manifiesta, según Castagna, un comportamiento común entre quienes el Bautismo ha hermanado. «Las palabras no bastan. Las promesas formales pueden ser negadas en la práctica y, si fueron negativas, pueden aún ser corregidas», afirmó. Agregó que «la respuesta al llamado del Padre es un compromiso, muy ajeno al discurso alambicado, que, irremediablemente, es desechado».
El prelado sostuvo que «el que cumple la voluntad del Padre es quien obra bien, aunque su primera reacción haya sido un rechazo». Citó a Jesús: «Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mateo 12, 50).
En relación con María, expresó: «es ella más madre por su ejemplar obediencia a la voluntad del Padre que por la misma maternidad biológica». Y recordó sus palabras al Arcángel Gabriel: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho» (Lucas 1, 38).
Castagna señaló que «el pecado consiste en el incumplimiento de la voluntad del Padre» y que «Jesús logra rehacer nuestra fidelidad inspirando un comportamiento absolutamente nuevo».
2. La perfección del amor de Dios
El obispo emérito citó la parábola: «Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: ‘Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña’. Él respondió: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: ‘Voy, Señor’, pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre? ‘El primero’, le respondieron» (Mateo 21, 28-31).
«La norma queda perfectamente establecida. La fidelidad a la voluntad del Padre no es un discurso sino una práctica», aseveró. Mencionó que «un viejo dicho de nuestra literatura dice: ‘Obras son amores y no buenas razones'».
También hizo referencia a Juan 15, 13: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos», y a Mateo 5, 48: «Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo».
«La perfección del Padre es el amor. Es preciso que nos aproximemos a Él, como está humanizado en Cristo, llevando el amor al extremo de la Cruz», manifestó.
3. Dos actitudes que se oponen entre sí
Castagna indicó que «Jesús somete a sus discípulos a un cuestionamiento muy inteligente al plantearles dos actitudes que se oponen entre sí». Una es la del hijo que promete y no cumple; la otra, la del que se niega al principio, se arrepiente y hace la voluntad del Padre.
«Cristo pone de manifiesto que el comportamiento del segundo es el que expresa la auténtica obediencia al Padre», dijo. Y añadió: «Los santos, en su inmensa mayoría, son pecadores arrepentidos».
El prelado llamó a «promover la obediencia al Padre, aunque sea muy fuerte la tentación de desoírlo». Y advirtió sobre «los graves conflictos que aquejan a nuestros contemporáneos» y «el alejamiento de la práctica religiosa» que causa «ese estado de decaimiento de la fe».
4. Obediencia al Padre o su rechazo
Para cerrar, Castagna se refirió a «el hijo que promete y no cumple, y el que rechaza enfadado el pedido del padre, pero, arrepentido, obedece». Citó al Evangelista San Mateo como una «síntesis perfecta» y afirmó que «en el pueblo se reproduce la imagen del hijo tironeado por dos opciones: obediencia o rechazo de la voluntad de Dios. También lo es hoy».
